Archivo de la categoría: literatura

POLICIALES

Es una tranquilidad saber que uno no tiene nada encima cuando va caminando por un pasillo largo (con entrada y salida a mitad de dos calles paralelas) si un policía viene atrás.

gorra_policia01(1)El otro día, caminando por la calle Sarmiento, se dio esta ecuación pero de manera invertida. Iba caminando atrás de dos policías, rengo por un dolor crónico en mi rodilla, encapuchado (con mi campera de “Malvinas”), un pantalón Adidas trucho y unas Converse de lona muy viejas. Así y todo, con mi dolor rotuliano crónico, alcancé a los policías y en una frenada uno se corrió un poco a la izquierda, justo cuando estaba por pasarlos y tuvimos un choque mínimo, por lo que tuve que darle un medio abrazo (con mi mano izquierda agarré al que se había corrido levemente como para reducir el impacto de ese choque mínimo) y el policía me dijo “pase amigo”. De ahí hasta la plaza Rivadavia me escoltaron como si me estuviesen llevando preso, pero nada más lejos: yo iba rengueando y sintiéndome seguro, sobre todo de mí mismo.

Hace unos días, cuando finalmente pude hacerme cargo del negocio familiar en Buenos Aires, estaba parado en la puerta del local mirando el flujo de personas con unos lentes negros tipo Rayban y dos policías empezaron a gritarme algo, seguramente por la forma de apoyarme en la pared. De inmediato lo vi a Petrovna que venía con su esposa por la vereda de enfrente, caminando en plan de paseo turístico, con una campera inflada y una gorra reglamentaria de policía puesta en la cabeza. Petrovna está de la nuca: lo supe siempre y lo ratifiqué en ese instante. Sin hacer caso de los gritos policiales grité fuerte el nombre de Petrovna para que me viera y después de cruzar de vereda en un amistoso encuentro se sacó la gorra y me dijo “acobachála por ahí que no la vean”. Le hice algún chiste en relación a su vestimenta (que era un turista asqueroso) y agarré la gorra reglamentaria. Pasamos adentro del local, dejé la gorra abajo del mostrador, y los policías desaparecieron en el flujo de gente, seguramente atrás del rastro de alguna otra persona sola.

(Bahía Blanca, 2006)

 

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UN VIAJE

Por José Manuel Linares

12966251_1765287113705241_856934565_nVan pasando los días uno tras otro y pocas veces aparecen esos que por alguna razón quedan alojados en tu cabeza bajo el rótulo “recuerdo”. Hay momentos de cuando sos más chico: esos días de arrancar la escuela, el colegio, o cuando empezaron tus vacaciones y te fuiste a algún lado. Son momentos básicos que casi todo el mundo archiva. El viaje de egresados a Bariloche cuando terminás el secundario es uno de los que componen el ABC de la memoria del estudiante promedio. Nosotros nos fuimos en verano, éramos unos genios, no había nieve pero igual te cagabas de frío. Las mismas excursiones pero sin el incómodo encanto blanco. Era más barato, eso sí. Los viajes programados por empresas que exprimen los bolsillitos inexpertos de los adolescentes dividen diez días en tres partes: excursiones berretas, boliches gigantes y paseos de compras de cositas de madera y remeras que dicen BariloCHE.

Una de esas tardes, la segunda o la tercera, en un momento muerto después del citytour en un colectivito, con un grupo de amigos decidimos hacer un paseo de reconocimiento por nuestra cuenta. Terminamos adentro de un local con repisas de troncos partidos al medio donde vendían gnomos, tuqueras, llamadores de ángeles, bandejas para picadas, licores de sauco y diferentes productos regionales elaborados en Quilmes pero con etiquetas autóctonas. Lo de siempre. Todo estaba a la venta, no solo los objetos sino el mobiliario, todo a lo que se le podía poner un precio.

Colgando de un perchero fabricado con el nudo de una araucaria había un radiograbador hecho de madera clarita, rectangular, con los bordes agudos y apliques de acero pulido, como si fuera antiguo pero con detalles modernos y sobrios. Me cautivó. Corrí hasta el vendedor (creo que era el dueño) y me dijo que salía $140. Grande fue mi sorpresa por el precio tan bajo. En ese mismo instante, en coordinación perfecta escuché que una vendedora decía que las tablas de madera costaban $600. Me sorprendí por la diferencia. Giré mi cuerpo para ver las tablas de madera y vi mi cara en un espejo: quedé helado, me asusté como nunca en mi vida. El espejo me mostraba con 30 años, y es verdad, tengo 30 años, es 2016 y esa es mi edad. Las preguntas empezaron a invadirme. ¿Qué hago de viaje de egresados con 30 años? ¿A nadie le sorprende? ¿En qué momento me pusieron todos estos años?

Confundido salí en busca de respuestas. Miré al vendedor y le pregunté qué año era. Me respondió“2004”. Su respuesta tenía coherencia porque es el año en el que egresé. Una señora escuchó mi absurda pregunta y también hizo su aporte: “es 2008”. No pude soportar la confusión, frenéticamente seguí consultando lo mismo y obtuve respuestas distintas: 2016, 2001, 2003, 2011. Tenía pánico ¿Cómo podía ser que todos viviéramos al mismo tiempo en años diferentes, con detalles de realidad distintos pero perfectamente calculados para que nadie lo note? “No sé, es así”, me dijo un conocido que me llevó de nuevo hasta donde nos alojábamos. Entré al lugar, ahí estabaMartín durmiendo, tapado hasta la cabeza; lo desperté de un salto. También tenía 30. ¿Cómo durmió 12 años sin despertarse? Cerré los ojos para imaginarlo, los abrí, no había nadie, el que dormía era yo.

Llegué tarde al trabajo.

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CONTRAPUNTO A FLUSSER

Lo “palpable” no en los escombros sino en la materialidad de una pantalla. Milton Läufer y el atentado a la AMIA:

“Yo vivía a media cuadra de la AMIA y estaba ahí cuando explotó. Fue durante las vacaciones de invierno de la secundaria y me había quedado toda la noche leyendo. A eso de las ocho de la mañana me fumé un porro y me fui a dormir escuchando “Shine On You Crazy Diamond”. No había nadie de mi familia en la casa, sólo la mujer que limpiaba, Soledad. Cuando empezaba el arpegio de guitarra, hubo algo que no se podría llamar un ruido, fue una presión particular, como si el espacio se hubiera contraído de golpe. La luz se cortó por un segundo. Cuando volví a escuchar sonidos, había un helicóptero sobrevolando y Soledad, que es peruana, llegó gritando “¡nos bombardean, papacito, nos bombardean!”, porque estaba muy marcada por los atentados de Sendero Luminoso. Salí al balcón y sólo había polvo, no se veía nada. A los pocos minutos alguien pedía frazadas por la calle a los que mirábamos por las ventanas o balcones (es el día de hoy que no entiendo bien por qué) y yo junté todas las frazadas de la casa y fui departamento por departamento pidiendo. Nadie sabía qué pasaba, la policía ni siquiera coordinaba las acciones (el que iba dando instrucciones fue un tipo que de casualidad tenía un megáfono), durante horas se pensó que había sido un escape de gas, ni sabíamos si teníamos que evacuar la zona porque se podía dar otra explosión. A pesar de haber estado casi nueve horas ahí y de haber sido testigo de cosas que deberían ser fuertes, recién sentí algo cuando a la noche me fui a lo de mi viejo y vi en la televisión cómo una losa del techo se caía y mataba a varios bomberos. Sólo cuando vi la escena en una pantalla lo que pasaba se volvió real.”

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ALGO SOBRE APRETAR TECLAS

“Al apretar las teclas de mi máquina, toda mi existencia se concentra sobre las puntas de mis dedos. Debo al inventor de las teclas y al productor de la máquina esta libertad mía. Gracias a ellos, toda mi ‘interioridad’ fluye hacia las teclas, para concentrarse en ellas y después fluir hacia el espacio público a fin de alterarlo. De manera que apretar teclas es para mí el gesto de la publicación, de la libertad política en el sentido exacto del término. Y esto no es una mera sensación mía: es la sensación de todos los pulsadores de teclas, incluso la de los productores de tecno-imágenes”

(Vilém Flusser)

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***

A este poder “publicador” y “creador” del apretar teclas (máquina de escribir, piano, filmadora) le opone un apretar menos entusiasta (tv, lavarropas, lámpara de escritorio). “Es difícil entusiasmarse por tales teclas, a no ser en publicidades que venden lavarropas. Estas teclas, lejos de entusiasmar, nos dan la sensación de que estamos actuando de manera programada”.

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ESTADO ACTUALIZADO (DEL “OTRO” PERONISTA RUBIO)

(del muro de Estado actualizado)

porque hace rato que no nos damos una vuelta por lo del (otro) peronista rubio. es de hace algunas semanas, pero todavía sirve:

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‘Acabo de escuchar al galán de TV Martín Lousteau invirtiendo 8 minutos de televisión en no decir escrupulosamente ni pío. Comprendí que Gambarotta tiene razón desde el vamos: Axel Kicillof es ni más o menos que un genio.. Por supuesto, jamás será Presidente, porque no es un loco como Cavallo, que también es o fue un genio. Kicillof, en cambio, es tan genio y tan cuerdo que ni siquiera se le pasa por la cabeza llegar a Presidente, porque para empezar es sólo economista. Va a trabajar siempre de economista, igual que Lavagna, Ferrer, Melconian, Broda, etc., etc., etc., etc, etc. (paro porque ya parezco Taborda). Kicillof sabe, igual que todos los Presidentes del país, la región y el mundo, que ser un genio es una cosa y ser Presidente otra. Más importante. Todos los que saben saben que los Presidentes no son genios y nadie se los pide ni se los reclama, en realidad es mejor que sean estúpidos o meramente aptos o serviciales o responsables o fotogénicos o algo inferior a la genialidad. Hoy Martín Lousteau dice que empieza un largo camino y Kicillof y todos los argentinos con genio o sin genio, pero con dos dedos de frente, saben perfectamente que Lousteau es un pobre tipo y que no es lindo y que va a vivir de su mujer (Peterson, ¿la vieron últimamente? Es una mina espectacular .y va a seguir siéndolo con Lousteau o sin Lousteau) hasta que consiga un laburo de verdad en la esfera privada. Lousteau parece contento potque tiene un rictus cadavérico en la cara. Kicillof está realmente contento porque el laburo va bien. Es, como dijo siempre mi mejor amigo desde los 23 años, Martín Gambarotta, un genio. Punto final.’ “

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PEQUEÑA NOVELA EN 9 CAPÍTULOS: SOTO EN VIDA

Por Rosa O`Henry

Equilibrium 1975 Tim Head born 1946 Presented by the artist 1981 http://www.tate.org.uk/art/work/P075151
Alondra nada tiene de dulce pájaro de otoño. Alondra es el nombre de la perra.
Soto lo sabe como tantas cosas, tantas que termina por olvidarlas todas. Avanza ciego y se machuca los morros, siempre. Y no sólo en el ring, ahí sí que tiene resistencia, pero en la alcoba acaba rindiéndose siempre a los golpes precisos de Alondra.
La historia es vieja y duradera, nunca termina, como la Historia. Hasta parece que se entienden y él lo confirma. Cuando llora, siempre solo, nunca nadie lo vio llorar, repite: Yo sabía, yo siempre sé. Y sigue recibiendo tortazos como de sorpresa.

2
Alondra dispone de la cama a su antojo. Dispone de los tipos a su antojo. Dispone de Soto.
Soto sufre con cada sopapo pero sabe: me pega o la pierdo. Y Soto no se imagina ya su vida sin Alondra. Ella sabe ocupar su lugar.

3
Alondra tiene mil amantes. Soto lo sabe mil veces. A veces suelta como mil lágrimas. A veces llorar es la única solución de Soto. Siempre lo hace a escondidas.

4
De chiquito Soto era llorón. Al papá no le gustaba pero no era el caso. Su mamá, tan Alondra con Soto padre, lo dejaba llorar tranquilito. Todo muy lindo, todo era puro llanto hasta que mamá murió. Después Soto curó a Soto a sopapo limpio.

5
Soto siempre llora a escondidas para que no lo vea Soto. Soto ya murió. Soto está en la calle, en el calefón y en Alondra. Alondra le pega a Soto, como puede pero le pega. Cada uno pega como puede, y ella sabe poder y pegar.

6
El pibe es un caso aparte. Alondra lo monta cuando quiere y Soto sólo piensa en matarlo. El pibe es un Soto en potencia pero no sabe un soto del asunto. Todavía nunca lo fajó.

7
Todo llega, piensa Soto, mientras mira por la puerta entreabierta. Mira cómo el pibe monta a Alondra mientras odia y se relame. No sabe qué hacer.
Ella mira cómo la mira Soto. Soto no sabe que ella lo mira. Ella mira cómo se le para a Soto mientras la mira montar con otro. El otro no sabe nada y empuja como un perro.

8
Alondra se aburre de la monta, Soto se cansa de mirar, el otro ya no se siente un atleta y Alondra lo faja de lo lindo.
Que lo monte sí, pero que le pegue! … Ese es territorio de Soto. Ya es hora de que sean tres.

9
Por suerte siempre lleva sevillana en el bolsillo delantero del pantalón.
El otro en cuatro, concentrado en los sopapos, resulta una presa perfecta.
Ni lo piensa y avanza.
Un puntazo alcanza para empezar. Lo desuella empezando por el culo, como se hace con alguna clase de animales.

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POR UN REALISMO IDIOTA

Como el texto de Clément Rosset, el seminario se llamaría “Por un realismo idiota”. A las novelas de Flaubert y Faulkner y a la película de Von Trier habría que agregar la historia de Boby (‘Bad Boy Bubby’, 1993):

bad boy ‘BAD BOY BUBBY’, PELÍCULA ENTERA (INGLÉS):

Referencias del copete:

Novela de Flaubert: Bouvard y Pécuchet (1881)

Novela de Faulkner: El sonido y la furia (1929)

Película de Von Trier: Los idiotas (1998)

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EL SUSURRO DE LOS MERCADOS

Ezequiel Alemián (escritor) sobre su trabajo como periodista financiero: “Cuando empecé a trabajar de periodista eran los primeros años de la convertibilidad […] El periodismo financiero, como una rama específica del económico, me enfrentaba con algunas incógnitas, como la de comprender cómo se articulaba su valor de verdad en relación con lo real. Recuerdo que me fascinaban leer los informes de los bancos de inversión, los prospectos de emisión cada vez que se lanzaba un activo nuevo, o un bono, toda esa organización aparentemente súper institucional que rige la generación y circulación de esos documentos. Eran los años en que el mundo financiero se detenía para escuchar lo que decía Alan Greenspan, titular de lo que sería el Banco Central de EE.UU. Greenspan era como un brujo minimalista que decía siempre más o menos lo mismo, la misma docena de palabras en cada informe, pero siempre cambiaba una coma, o una palabra. Desde días antes los analistas debatían sobre lo que diría, y una vez que lo decía, debatían durante semanas sobre ese cambio, porque de la interpretación de ese cambio dependía el escenario de las variables financieras en todo el mundo. Lo de Greenspan era como un susurro: los mercados se detenían a oír ese susurro, a interpretarlo. Era algo alucinante, demencial.”

MUNDO FINANCIERO

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ALEJANDRO RUBIO (UNA SELECCIÓN)

Leímos la obra completa de Rubio: su poesía reunida en La enfermedad mental y sus textos en prosa (La garchofa esmeralda y el blog Zardoz). Como en el trabajo del genio, tiramos mierda contra la pared: algunas cosas se cayeron, otras quedaron pegadas.

Alejandro-Rubio

“Es conocida la pequeña pieza de Borges sobre un hombre que, meses después de la muerte de Evita, montaba en Chaco o Corrientes el velorio de una muñeca rubia cobrándoles una módica suma a los lugareños, que así presentaban sus respetos a la señora. La conjetura de Borges: Perón y Eva, héroes de una crasa mitología. Eso es lo máximo que alcanzan los antiperonistas en su comprensión del fenómeno: la buena gente ignorante, en busca de trascendencia semirreligiosa, engañada por un siniestro demagogo. Olvidan que el pueblo peronista no es ingenuo ni crédulo, al contrario, es taimado y pícaro, y se identificó con Perón porque vio en él la versión superior de esas cualidades. Menem tenía las mismas virtudes y eso cimentó la popularidad que le permitió convertir el PJ en el ariete de una política históricamente antiperonista, ya que todos los peronistas saben que no existe, no existió nunca, la ideología. El peronismo es el rizoma argentino y por eso los binarios, biunívocos, cuadrados cuadros de la izquierda y la derecha lo denostan por informe y poco riguroso, ‘populista’, dicen, pronunciando con la boquita fruncida esa palabra de puto. Están condenados a una perpetua frustración: sea cual sea el curso que tome el país, el peronismo, en alguno de sus sentidos y en todos a la vez, estará al timón.”

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“Esta fue la casa de mi padre. Ahora en sus elementos primarios descompuesta. El vacío y los materiales, separados por un hiato que la ausencia de mano humana hace infranqueable. Acá me senté y armé un cigarrillo. ¿Por qué no puede construirse un hogar de humo?”

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“Me senté al lado de una nena tan linda como las que había dejado atrás, donde seguramente la fiesta continuaba, la charla, la música, y como si fuera un efecto se me presentó mi historia, íntegra y segmento a segmento, con sus hechos destacados, su nulidad y su atmósfera. Sin empatía y sin rechazo la contemplé pensando: esto es lo que me pasó, esto es lo que hice, éste soy yo.”

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