Archivos Mensuales: septiembre 2010

EL CLASH SOBREVINO YA (COMO ESPECTÁCULO)

A 9 años de la caída de las torres gemelas L.V. recuerda dónde estaba y qué estaba haciendo aquel día en que el mundo dejó de ser lo que era:

Las torres gemelas estallando

Las torres gemelas estallando

Cuando tiraron las torres gemelas tenía una peluca puesta y los labios pintados. Es así. Estaba en la casa de un compañero de curso, con otros compañeros, filmando a la mañana unos sketchs imposibles para un trabajo de psicología de la secundaria. Estábamos la mayoría vestidos de mujer  y entró la mamá del dueño de casa y nos dijo “prendan la televisión, están bombardeando Estados Unidos”. Al principio pensamos que era un chiste pero prendimos la televisión y vimos una torre humeando. Después, un rato más tarde, entendimos que no eran bombas tradicionales las que estaban cayendo sobre Nueva York, sino aviones de pasajeros tomados. Estuvimos un rato mirando las noticias, todos al principio casi muy serios pese a la forma en que estábamos vestidos, y después incluso eufóricos sin terminar de entender la gravedad de la situación, o cómo nos iba a afectar todo aquello. Unos meses más tarde me parece que sí, el 19 y 20 de diciembre, miramos la televisión únicamente serios. Pero esa es otra historia. El 11 de septiembre, al rato de estar viendo humear la torre, nos volvimos a poner las pelucas, y desviamos el guión que no teníamos hacia estos últimos sucesos conmocionantes, y con humor negro todo empezó a girar en relación a la caída de las torres. Al día siguiente me acuerdo que el profesor de psicología se rió de esto último que habíamos filmado.

Manuel Donofrio, ese notero psicodélico que tuvo Pettinato cuando valía la pena, me dijo una vez por facebook que la caída de las torres la vio en lo de Andy Chango junto con la mamá de Andy. Es así. Cualquiera que tenga más de 15 años sabe dónde estaba y qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001 a la mañana.

Hoy se cumplen 9 años desde que el primer avión traspasó la estructura en principio poderosa del símbolo arquitectónico más importante del capitalismo contemporáneo. La implosión, que vimos repetidas veces durante todo aquel año, en todos los canales de televisión, explicada incluso por ingenieros urbanos, es, sobre todo, el espectáculo en directo y en tiempo real más grande que cualquiera de nosotros haya visto. Como decía Baudrillard unas entradas más atrás “no basta que las cosas hayan sucedido: queremos también su espectáculo”.  Ahí, me parece, se juega mucho de todo esto. Decía Baudrillard que “las cosas quieren extasiarse en una metáfora espectacular”, que “es la revancha de la objetividad en la que se les ha encerrado”. Esa metáfora, no obstante, mediatizada de semejante manera, a mi entender también se vuelve objeto, o encerrada en cierta objetividad de nuevo. La revancha, supongo,  en todo caso es del espectador que tiene de manera subjetiva “la necesidad de sentir algún goce ante la fatalidad” (de ese espectáculo de la destrucción). La revancha es del tipo que está frente al televisor, sintiendo acaloradamente, percibiendo el espectáculo frío de la destrucción de un mundo de cosas, aunque sea a través de una pantalla por otro lado también fría.

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TODOS LOS DÍAS LO MISMO, DE NUEVO

La Shelton siempre fue una página interesante. En realidad su rama wet/dry, nombre que viene de un experimento hecho por Jeff Koons quien una vez puso dos o tres aspiradoras en seco New Shelton en una caja de plexiglás y le agregó un título. Ese experimento plástico es trasladado por la página pero en términos periodísticos. Básicamente se trata de editar noticias siguiendo el concepto “editing/commenting is creating” desarrollado hace más de un siglo por una serie de filósofos (Nietzsche, Heidegger, Deleuze, Foucault, entre otros), quienes hacían filosofía a partir de comentarios de filosofía pasada. Prácticamente todo lo que es texto es un recorte de diferentes autores, y muchas cosas no llevan la cita de autoridad. Dice Shelton, o quien esté atrás de la página, que la escritora francesa Marguerite Yourcenar una vez dijo que no importa realmente quién es el que está escribiendo, sino lo que está escrito. Es como la personalidad de cada uno, que es la suma de rasgos que no nos pertenecen, y en la síntesis propia uno genera un nuevo sentido que vendría a ser precisamente la propia personalidad. La palabra “personalidad” viene del latín “persona”, que significa máscara. Dice Shelton que nos pasamos la vida tratando de construír esa máscara, tratando de hacerla atractiva, única, y coherente. En la página el cuerpo del texto viene de algún lado, el título de otro, y la imagen también de otra parte. Se trata de crear algo a partir de cosas ya existentes. Lo que siempre supimos: la edición como creación de sentido.

A partir de ese experimento surge el trabajo “Every day the same again” que compila alrededor de 500 titulares extravagantes recopilados a lo largo de los últimos 4 años, de fuentes institucionales de información como Reuters, The Guardian, y The New York Times, agrupados conscientemente agregándoles una cita de autoridad por lo general de algún escritor reconocido, con la intención de generar nuevos sentidos. El trabajo termina siendo una recopilación en gran parte absurda de temas familiares, que crónicamente medios hegemónicos fueron haciendo público. No es mucho más que eso. Una obra conceptual que podés descargar haciendo click acá.

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LITERATURA PURA

Pity ÁlvarezTrasladando una lógica de Twitter a WordPress, y considerando algunos últimos acontecimientos que tuvieron trascendencia mediática, hacemos un RePost (RP) que tiene como eje central a Pity Álvarez. Mauro Fernández, quien ya fuera nombrado hace un par de entradas, es el que hizo el recorte original en este otro blog, recorte que justamente recorta lo que nos parece lo más importante, para que sepamos de qué hablamos cuando hablamos de Pity. Más allá de lo contingente mediático (que suele erigirse con cierto valor absoluto) lo que queremos rescatar de Pity es su extraordinaria capacidad expresiva, la cual a nuestro entender lo posiciona por encima de muchos poetas consagrados por el mercado literario y el canon académico. El ejercicio para entender de lo que hablamos es sencillo: leer en vez de escuchar lo que dice Pity en ese recorte que se llama “Las cosas que no se tocan”:

me gustan las chicas
me gustan las drogas
me gusta mi guitarra
me gusta madonna
me gustan los perros
me gusta mi estéreo
me gusta la calle y algunas cosas
pero lo que más me gusta son las cosas
que no se tocan
me gusta el dinero para comprarme lo que quiero
me gustan las visitas para matar el tiempo
me gusta esta luz me gusta la sombra
me gustan los grupos que no están de moda
me gustan los autos los trenes los barcos
me gusta que al que espero no tarde más de un rato
me gusta el arroz
me gusta el puchero
me gusta el amarillo el rojo el verde y el negro
pero lo que más me gusta son las cosas
que no se tocan
por eso me gusta el rock
el rock por que yo al rock no lo toco
yo al rock lo escucho no lo tomo no lo fumo
no lo trago ni lo vuelvo a tomar
hasta que él quiera que yo ya no este acá
y ahi me va a clavar una puñalada en las achuras o en la espalda
y sangraré y sangraré
esa sangre es rock que mancha la calle
que comen los gusanos en el cementerio
esa carne podrida llena de pastillas ques un asco
pero no deja de ser rock me gusta el rock
sin recetas yo lo compro en un bulín
ey mejor no lo digo
porque vamos todos presos
y no quiero y no quiero
porque sólo es rock
sólo es rock
no es rock

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ADENTRO AFUERA

Hay un texto muy viejo de un existencialista ateo que transcurre en una celda. “La celda”, dijo una vez DeLillo, “es el estado básico: te meten en una habitación y la cierran con llave, tan simple que resulta genial”. Es un texto inédito, perdido en uno de los discos rígidos de nuestra redacción. El autor, cuando firmaba sus escritos, lo hacía con un pseudónimo esquivo. “Brujo”, firmaba el autor, y este es aquel texto:

Adentro

El frío se siente menos que la dureza del estómago. Hace cuatro días que no como. Nada. Lo que hace mal no es el hambre. Es no comer. Ya no me paro. No camino. Mi hermano no habla más. Está acostado desde hace mucho tiempo. Yo aún estoy sentado. El piso es frío. Por suerte, creo, la luz entra poco y por poco tiempo. Al principio, no sé durante cuánto tiempo, traían comida.
Una mosca me camina en el ojo. Lo sé porque la escucho. Son las más silenciosas pero las escucho. Mi hermano, durante un tiempo, comía sus eses. Aún así el lugar parece limpio. No hay nada. Yo sólo tomé mi orín. Es muy difícil pensar. Hoy desperté y mi hermano está bocabajo en frente de mí. No sé cómo llegó ahí o cómo yo llegué acá. Parece la primera vez que lo veo desnudo. Veo sus uñas, pelo, dientes. Hay luz. Lo que hace mal es no comer. Veo sus dientes, su boca apenas entreabierta. No veo su lengua. Hay una piedra cerca de mí. No tengo fuerza. Mi hermano es carne cercana. Su cara está apoyada en el piso, los dientes casi lo tocan. Tomo la piedra y la levanto. Me cuesta pero la levanto. Es algo grande y pesada pero la podría levantar con una mano, sin embargo uso las dos. La cara de mi hermano está cerca. Mido mi fuerza y golpeo con la piedra la boca de mi hermano. Creo que perdió algunos dientes. Repito la embestida. Después del primer golpe ya no vi sus dientes. Volví a repetir el golpe. Logré cuatro o cinco golpes que no creí poder lograr.

Afuera

Las escaleras son largas. Cansa un poco tener que subir. De todas formas he subido, con el alimento, durante algún tiempo. Pero ya no. Esos dos deben morir de hambre, al menos, en cualquier momento. Ya no les subo comida pero subo en ocasiones. Al principio subía de noche para que no me vieran. Después caí en la cuenta de que la oscuridad ahí arriba es casi permanente. Ahora no me importa. Voy en cualquier momento y casi más veces que cuando les llevaba comida. Sé que no me ven. El mayor, que es el único que está sentado al menos, no ve nada o no lo hace voluntariamente. Ayer vi cómo una mosca le caminaba en el ojo. Creo que en algún momento se comerán entre ellos. Al menos el mayor comerá. El menor hace rato que no se despega del suelo. Anoche vi al mayor cerca del cuerpo de su hermano, sentado. Diría que lo estaba mirando si no supiese que no ve. Me emocioné al ver que de un momento a otro el mayor se alimentaría. En algún momento, después de cuatro días, pensé en llevarles comida nuevamente. Pero dos cosas me lo impidieron. Una que quizá los mataría el alimento. Dos que quizá, en algún momento, uno comiese al otro. Esto último, más que nada, hizo que no volviera ya a subir alimento. Hoy subí y para mi sorpresa el mayor no se había alimentado. Lo sé porque no tenía manchas de sangre en sus labios. No se me había ocurrido pensar que la forma más fácil de alimentarse, dada las condiciones, fuera a través de la sangre hasta que vi la boca del menor. Estaba destrozada sobre un charco de sangre.

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