Archivos Mensuales: agosto 2009

Clipeame esta!

Seguimos ampliando nuestras zonas de influencias y ahora le tocó el turno al mundo de los videoclips. El debut fue absoluto. Debutó Liyo y debutó la banda. Con presupuesto nulo pero mucha garra y buena onda, nos unimos a los chicos del Ajenjo para generar el video de Linda, corte de difusión del disco Sembrando Semillas.

Esperando que no sea el último, Liyo los invita a opinar sobre el resultado no sin antes remarcar detalles que el espectador preciso, ávido de perlitas, sabrá encontrar:

  • Durante un día del rodaje, en la avenida Cobo hubo un accidente espectacular. Dos de los músicos cruzan la calle con un auto volcado de fondo. Cosas del azar y la improvisación. Sea pillo y descúbralo.
  • En uno de los dos días de rodaje, uno de los músicos cayó en un estado de ebriedad notable, complicando la continuidad actoral de algunas escenas. Descubra quién es y trate no reírse tanto como él cuando íbamos a toma.
  • Más allá del estado narcótico de muchos de los participantes, delante y detrás de cámara, hay una alusión al cultivo del cannabis. Preste mucha atención al detallle y tal vez lo encuentre (es más fácil hacerlo si fumó antes)
  • El baterista dejó la banda días después de filmado el video, así que cuando vea al Ajenjo en vivo no espere encontrar al ciclista del buzo multicolor.
  • El graffiti todavía puede ser apreciado en la esquina de Doblas y Zañartu, en el barrio porteño de Parque Chacabuco.

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FRAGMENTO DE HURLYBURLY: Donna y Eddie destrozado

hurlyburlyHace un tiempo intentábamos acordarnos de las palabras finales de Sean Penn en Hurlyburly y un redactor de LIYO hizo lo que pudo apelando a su memoria inconstante. Hace unos días, por su parte, otro redactor  pudo ver la pelicula y ratificó, para sorpresa nuestra, lo que habíamos subido en ese entonces. A continuación transcribimos aquel memorable diálogo final entre Donna (la mochilera que Artie “junta” del ascensor) y un Eddie destrozado y confundido:

– Estoy destrozado.

– Tenés pinta de estarlo, pero no quise ser maleducada.

– No sé lo que hago. ¿Me entendés?

– Estás en la piscina.

– Sí, claro. No me acuerdo de la última vez que pensé en vos y acá estás. No lo entiendo.

– Soy una sorpresa.

– Pero no sé qué está relacionado conmigo y qué no.

– Todo está relacionado con vos.

– ¿Sí?

– Claro.

– Todo forma parte de la corriente. De la que nosotros formamos parte. Y todo está relacionado con todo de una manera u otra. ¿Ves lo que digo?

– Entonces, ¿cómo debo sentirme? Eso es lo que no sé.

– Tenés libertad total y absoluta en ese aspecto, porque no importa.

– ¿Lo que siento no importa? ¿A la corriente no le importa?

– Creo que no.

– Tengo tanto por pensar.

Según las autoridades, al asesino, un estudiante de sobresaliente, le fascinan los asesinos en serie.

– Bueno, estás vos…

– Sí.

– Y todas estas otras cosas, todas estas, estas… todas estas otras cosas que…

Decapitaron y diseccionaron a cuatro roedores dentro de un programa de investigación de 99 millones para descubrir el efecto de la ingravidez sobre el sistema nervioso.

– O sea, ¿qué debo sentir por eso?

– No lo sé.

– Ese es el asunto. A eso me refiero.

– Sé a qué te referís.

– ¿Está relacionado conmigo?

– Todo está relacionado con vos puesto que es parte de todo. ¿Entendés? Sólo digo eso.

– ¿Sabés que Phil ha muerto?

– ¿Qué pasó?

– Se tiró con su coche por Mulholland.

– ¿Qué pasó?

– El coche se estrelló. El funeral ha sido hoy.

– Por eso estás destrozado. Has estado en un funeral, eso destrozaría a cualquiera. ¿Ha sido triste?

– Todos van con traje, hacés lo que debés. Todos están allí. Todos se ponen en fila. Todos los coches, en fila. Todos van en los coches… Llegás al cementerio, y… el cura dice algo más, así que… y hay un agujero, se le mete dentro…

– ¿Ha sido triste?

– En la tumba había… Había… Un montón de perros. Y un tipo, que cantaba con una voz de falsetto preciosa. Cantaba solo, sin órgano ni nada, él solo. Y el cura estaría diciendo lo que fuera, cosas bonitas, cosas tristes, nada. Y el tipo, nadie sabía quién era, cantaba, aunque no se entendían las palabras, ¿sabés? Sólo se oía un sonido agudo, precioso y triste. Un sonido humano. Y todos se pusieron a llorar con él. Anna_Paquin-Hurluburly-clip1

– ¿Sabés una cosa? No fui a todos esos lugares. Fui al norte, hacia San Francisco. Pero no llegué más allá de Oxnard.

– Sé dónde está Oxnard.

– Genial.

– ¿Qué tiene eso de genial?

– Es genial cuando la gente sabe de qué hablás.

– Bueno, de eso hemos estado hablando.

– Dormiré aquí si no te importa ¿Puedo quedarme?

– Estaré despierto un rato.

– Dale.

– Podés dormir en el sofá.

– Genial.

– Yo… Puede que no vuelva a dormir nunca. Quizá siga despierto siempre. No importa.

– Yo me alegro de no estar en la calle. La desesperación de ahí afuera es paranormal ¿Querés cojerme antes de que me acueste?

– No.

– Genial. No es que no quiera, es que tengo sueño.

– ¿Querés un valium?

– No.

– Buenas noches.

– Buenas noches.

– Dulces sueños.

Lo que dejó el Clausura 2009

los siete grandes

Mientras esperamos por el comienzo del nuevo campeonato Marcelo Graf hace una breve reflexión sobre lo que dejó el Clausura 2009: el Tiki Tiki de Cappa, arbitrajes polémicos, una final dudosa, Tomás Abraham, y un campeón devaluado.

Por Marcelo Graf, desde Parque Patricios (para LIYO)

 

Comparado con otros equipos, el de Vélez es un color opaco. Me refiero al color azul que brilla en la camiseta de Boca y de Rosario Central pero no en la del club de Liniers. Ese tono que los identifica, tan austero, no era adecuado para una fiesta. Quizá por eso los hinchas de Velez agitaban colores viejos pero más vivos.

La institución tiene un ex-presidente honesto, un director técnico de perfil bajo, una defensa eficaz y la valla menos vencida del clausura 2009. Vélez también tiene a Larribey, que le dicen “bati” porque no le gusta jugar al fútbol, a Maxi Morález, que es más bajo que Ariel Ortega y a Cubero, que tiene lo bueno afuera de la cancha.

De los tres técnicos que peleaban la punta, Macaya decidió invitar a Zubeldía, un joven exitoso. Zubeldía, con una camisa demasiado ajustada, con rubios cabellos detrás de sus orejas, habló de fútbol. La saliva que constantemente se acumulaba en su boca entorpeció sus palabras; dijo que no importaban los árbitros, que los partidos había que jugarlos. Macaya le dio la derecha; conclusión: para los clubes exitosos los árbitros no existen. Los hinchas de San Martín de Tucumán se permitieron disentir en este punto, más que nada teniendo en cuenta el penal que el árbitro le regaló a Lagos en la fecha que el club tucumano se jugaba la permanencia en primera. Creo recordar a Neustadt diciendo que no existe la pobreza.

Los hinchas de San Lorenzo no se equivocan, hay grandes diferencias entre el galán fantástico del Señor de los Anillos y el coco Silly; salvo que los quemeros no se jactan del coco Silly, simplemente es un hincha que sale en televisión. A mí me resulta difícil creer que la gente de la plaza Bouteler quiera ser representada por este señor Mortensen -que además es yeta-, pero es cierto que tiene algo que ver con este nuevo equipo cuervo que va a jugar de traje y ostenta un técnico que sale a la cancha modelando zapatos.

El clausura pasado instaló nuevamente el enfrentamiento entre menottistas y bilardistas, y el asunto se extendió demasiado. Tanto que apareció Tomás Abraham, empresario de la industria de las medias y filósofo  (para los que no lo tienen visto, este señor es una mezcla de Julio Blanck y Pepe Parada pero sin ninguna de las gracias que tenía el hermano de Emilio Disi). Abraham, hincha del austero club de Liniers, privilegió el rinde, tal como lo hace en su empresa de medias. La cuestión es si la diferencia entre jugar bien al fútbol y ganar partidos no se hace demasiado grande cuando los partidos se ganan de cualquier forma que no sea jugando al fútbol. Verón fue un caballero y jugó, los de Vélez no tanto. Dicen que no tienen tiki-tiki, que tienen pelotas. Si tienen pelotas, pónganlas en la cancha; Cappa se los dijo en la cara.

Pero todo eso ya es historia. Riquelme elogió a Huracán y Niembro a Vélez, que fue el equipo que adquirió finalmente el título. La hizo fácil y dejó una sensación rara.

 

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