LA MUERTE Y YO. ALGO SOBRE EL ESTADO DE COSAS EN BAHÍA BLANCA

tumblr_mgmoidv2HC1qelemfo1_500A principios del 2016, sentado en una curva que sube a Villa Cerrito, Maxi me dijo que íbamos a empezar a ver pasar los pibes con bolsitas de Fortex, una postal repetida durante los noventa. Los dos crecimos al calor del menemismo neoliberal en barrios alejados del centro de Bahía Blanca y era común ver a los “mocos” jalando en los descampados y después encontrar las bolsas de nylon con una pasta verdosa y transparente. Ese era un poco el signo de nuestra época y lo aceptábamos como algo natural. Después, más allá de los debates ruidosos en la televisión, la verdad es que el peronismo tomó otra cara y esa imagen naturalizada se modificó sustancialmente: durante años largos dejamos de ver esos frutos raros en las ramas de los árboles, colgando con todo el peso de la segregación, y pasamos a ver las caras iluminadas por las pantallas de las netbooks que los pibes se llevaban de las escuelas de esos mismos barrios. Esto puede sonar maniqueo e incluso capaz lo sea, pero en clave visual también es un dato concreto.

Ahora, en pleno 2018, en Bahía hay una ola de violencia y muerte que dista mucho de ser una metáfora. A varios hechos aberrantes se le suman la muerte por sobredosis de una chica de 15 años, abandonada en un hospital público, y la de una de 19, según información oficial apuñalada por tres menores cuando le quisieron robar una mochila. La chica de 15 era integrante de la Orquesta Escuela del Barrio Miramar, desarticulada por el gobierno municipal de Cambiemos. Es decir: supo tener un espacio de contención hasta que la lógica fría del ajuste presupuestario la dejó dando vueltas en la calle, muy a su deriva. Los tres chicos que mataron a la de 19, como me avisó Maxi, iban jalando pegamento en el barrio Rucci, sin un proyecto de vida y alejados de la educación formal. Los medios de comunicación y muchos oyentes que graban sus audios de whatsapp hablan de la droga como un ente autónomo y demoníaco que corrompe y pervierte, y se suman al discurso enlatado del narcotráfico como elemento subversivo, que bajan los mismos que hoy llevan adelante las políticas de desguace del Estado. Como en los noventa, se trata del tejido social, ese que estuvo más o menos parchado en la década anterior y que hoy vuelve a mostrar agujeros que significan precarización de las condiciones materiales, pero también de la propia existencia en términos filosóficos.

Saber eso: darle la venia a policías para que disparen por la espalda no recompone ningún tejido. Destrozar las casas de los que supuestamente mataron en un viaje de tolueno, tampoco.

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2 MEMES

  1. Panigasi y Merlí:

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2. Panigasi, Merlí, Mauro Fernández y Bruce Willis:

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VACACIONES

Mariel Oviedo y una esfera china de marfil

Por M.O.

En un texto curatorial Ana Longoni escribe algo así –cito de memoria- como que las chicas del GAC luego de alcanzar cierto éxito en el mundo del arte deciden replegarse y ya nadie sabe mucho de ellas, aunque siguen trabajando durante veinte años. Que toman la decisión, en un gesto político, de dejar el arte para hacer activismo. Algo así la diacronía, una señora teórica con su escritura perfecta nos lo explica, quizás edite un libro, quizás alguna editorial de temas importantes lo acerque a un público ajeno al mismísimo mundillo del arte contemporáneo al que parece ser el único que le importan el paradero de las artistas activistas e incluso sus producciones alegres marginales –en la muestra del texto curatorial hay videos en los que comen asados felices, jóvenes, juntas-.
Al malestar que vengo arrastrando hace unos meses, con más o menos altibajos, le sumo el malestar de entrar al Parque de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Sintomáticamente el efecto que me produce el monumento es similar al que me producen algunas obras de arte. Hace una semana me tocó desembalar, revisar y reembalar unas 150 piezas del coleccionista para el que trabajo y el efecto fue el mismo. Hay un síndrome (Stendhal) que explica esto. Una cuestión psicosomática, pero más allá de Stendhal yo tengo mis propios motivos para sentirme así: si toco un ente me chupo su vida.
Malestar, de pronto me siento un agujero negro y empiezo a pensar con acierto que le hago mal a las personas que tengo alrededor. De la muestra del GAC vamos con Fer a buscar un veinticinco a Cabildo y Juramento. El tipo que le iba a vender el prensado para que se lleve a un viaje relámpago a algún lugar del gran Buenos Aires que no recuerdo, no aparece. Hay mucha gente, damos vueltas, muchas vueltas, en un momento señalo un colectivo que me lleva a mi casa y Fer me dice que me suba. Me subo pensando que ya no me estaba soportando, no lo culpo ni me pongo triste porque yo tampoco me estaba soportando.
Desde cierto punto de vista lo contemporáneo en el arte es más que nada un lenguaje. Un lenguaje especialmente preocupado por definirse a sí mismo, posicionándose como el momento privilegiado de autocrítica y autorreflexividad del arte mismo, lo que lleva a un montón de personas a sentirse muy triste por lo que ve en los museos y a debatirse constantemente qué es y qué no es arte. Lo contemporáneo es además el lenguaje del discurso hegemónico del arte, un régimen de diferenciación y discriminación que hace sentir muy incómoda especialmente a personas como las chicas del GAC que parecen detestar las formas en que el poder se manifiesta. El problema desde las vanguardias en adelante es que todo lo que el mundo del arte fagocita pierde la vida, que podríamos decir que vive en los lenguajes singulares y lo que con ellos se dice. Como contrapunto una vida artística con un lenguaje singular no colonizado por el de la contemporaneidad museológica o de publicación académica, al igual que como en las vanguardias, corre el riesgo de diluirse en la vida cotidiana. De todo esto desprender algunas cosas: que si la hegemonía habla un lenguaje (no importa cuál sea) hay que hablar otro. Que si el tiempo que habitamos habla un lenguaje y nosotros otro, uno puede tener la ventaja de tener la propia lengua y aprender la suya, en tanto ser bilingüe. Que aprender el lenguaje de las instituciones es útil para acceder a lo que por ellas está mediado.
Siempre sentí una certeza especial al acercarme a las obras de artistas que conocí: las obras son idénticas a sus artistas. Todo esto me conmueve un poco y tengo la sensación de que me conmueve demasiado, se me desata un pensamiento espiralado obsesivo: no quiero tocar nunca más nada.

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Para ver fotos de la obra GAC: Liquidación x cierre en el Parque de la Memoria hacer click acá.
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ISMAEL BLANCO EN LIYO EDITORA

Ismael Blanco nació en Bahía Blanca el 25 de mayo de 1983. Hoy LIYO editora publica dos títulos suyos: Las cajas Coca Cola y Culpa moderna.

Las cajas es un compilado liviano: siete textos de, en promedio, dos páginas cada uno. Culpa moderna, en cambio, aunque también es un librito, corresponde con su faceta pesada, la que puede leerse estrictamente como literatura.

Están en pdf y se pueden descargar en los siguientes links:

Las cajas Coca Cola

Culpa moderna

 

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2×1 LAS PELOTAS

En la historia del orden visual pocas cosas van a superar el mar de pañuelos blancos en la Plaza de Mayo: una producción colectiva que la vanguardia menos ingenua ni siquiera hubiese imaginado.

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CUESTIÓN DE PESO

Por L.V.

Anoche, haciendo zapping, vi que atrás de cámara en los estudios de Intratables esperaba Rusconi, el abogado de Lázaro Báez. Me quedé a verlo, porque su capacidad para defender lo defendible me parece admirable. Una vez sentado abajo de los focos del set se dedicó a desarticular la batería de operaciones mediáticas que giran en torno al caso, concluyendo que Báez está preso solamente para que aporte datos que incriminen a la ex presidenta Cristina Kirchner. Dijo que es estudiado en la UBA como ejemplo de privación ilegítima de la libertad, con lo que dio inicio a la balacea de los panelistas: balas sin plomo que, una a una, dieron en ningún lado. Efectivamente, los Vilouta fueron quedando en evidencia, ta-tartamudeando lo que los demás días les sale fluido. Entonces Del Moro, al darse cuenta del chiste televisivo en el que se había convertido su programa, quiso bajarle el precio a la veracidad de los argumentos de Rusconi y le dijo con una risita:

– Es muy buen abogado, usted vale lo que pesa.

Rusconi lo miró de arriba abajo y le dijo también con una risa:

– Si digo lo mismo de vos vas al muere (léase: “yo soy gordo, pero vos valés dos kilos mojado”).

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¿QUÉ ES ESTO?

Sobre el recital del Indio Solari en Olavarría

Por G.L.

Aunque sea tarde cabría pensar, con todo lo paradójico, al indio como un hombre de Estado. ¿Pero de uno de qué tipo y que contiene qué cosa?

Por supuesto también hay que pensar el acontecimiento de hace dos noches. Y habría que hacerlo incluso más allá del aspecto sociológico, sobre el fondo de su obra estética. A mí no me da la cabeza, no es algo que pudiera hacer ahora.

En cuanto a la organización, hay algunos consensos que efectivamente son ciertos: la descomunal cantidad de gente queda librada a sus propias fuerzas. Y me parece que ese es un poco el punto filosófico del indio: tenemos que cuidarnos entre nosotros. Cabe la posibilidad de dos muertos, de siete, de quince y también la de ninguno. En principio, afuera casi no hay policías y eso es un mérito del poder de convocatoria que excede la potencia de un orden en cuanto represivo. Pero adentro lo mismo: la organización queda insuficiente teniendo en cuenta la magnitud del show. Y la cuestión de los millones no es una cuestión relevante, a no ser que decidiéramos pensar, en términos de sustentabilidad, esa lógica de que una parte paga la seguridad de un todo que la supera ampliamente. Lógica que eso: mientras sea sustentable (incluso con la posibilidad de desenlaces fatales) no admite mayores cuestionamientos.

Después está la noticia y toda la carroña mediática.

En cuanto a lo que contiene ese Estado anárquico del indio y su relación con él mismo en cuanto líder carismático, Olavarría dejó alguna cosa. ¿Qué dice ese cuerpo inorgánico, no homogéneo, con trescientas-y-pico-mil cabezas? Esto no es fácil de decodificar, ni siquiera desde arriba del escenario. Desde abajo, en cambio, algunos puntos están más claros. Antenoche, a partir del tercer tema hubo un recital ortiva porque no se pudo más que seguir bailando arriba de un muerto, y palabras entre líneas. Más allá de las aristas espectaculares, omnipresentes y agotadoras de la noticia en la televisión, hay el dato para ese cuerpo monstruoso que sigue al indio. El pelado está cansado y no tiene más ganas de seguir poniendo a prueba, contra la masa, el poder de su lengua.

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MANADA DE LOBOS

Una yanqui medio jipi va a hacer el paseo del Inca y conoce a un peruano que la cautiva, con quien establece una relación única. La idea inicial del peruano era irse a vivir a Escandinavia y tener diez hijos para criarlos en una especie de isla social. En vez de eso tienen siete hijos y quedan estancados en un estadío intermedio: un departamento de contención en el Low East de Nueva York, como si fueran los de Lugano, donde crecen casi sin ningún contacto con el mundo exterior. El peruano alternativamente sale a buscar comida. Mientras tanto, la mujer y los hijos pasan las horas: mirando por la ventana a lo lejos la punta luminosa del Empire State y viendo películas que después recrean línea por línea usando trajes hechos de manera artesanal con restos de cosas. Hasta que el hijo del medio decide ponerse una máscara y salir al afuera. Eso progresivamente mueve una fuerza que había en el departamento y, contra el dogma del peruano, los lleva a todos hacia una vida más parecida a la normalidad. El documental se llama “The Wolfpack” (“La manada de lobos”) y amerita verlo una segunda vez sacando los subtítulos porque hay una dimensión gestual que es bastante tremenda.

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