UN CUCURUCHO DE MIERDA EN LA FRENTE

La Guacha sobre la poética de Solari

Por MAF y GL*

50737511_2069010610056487_6547942758198280192_nUnos cuántos nos alegramos: por fin alguien se anima a hablar de eso. La bajada del título de tapa de la revista La Guacha de noviembre del 2018 dice que ese número se ocupa de “La poética del Indio Solari” y eso es mentira, es una redonda estafa. Y es una falta de respeto, si se entiende “respetar” como mirar algo con atención.

“Hubiéramos querido traerles a nuestros lectores, la opinión del Indio (…) No fue posible”, dice la nota editorial con sus habituales comas mal puestas. La nota introductoria lo vuelve a decir, esta vez con los paréntesis desubicados y un asomo redundante: “(…) intentar una y otra vez contar con la propia voz del protagonista (…)”. Esta sola idea parece ser cierta: salvo por el mero entusiasmo de algunos escritores/ escuchas, una lectura posible de la poesía de Solari no está en la revista. El Indio no está, no lo consiguieron.

Es justo señalar ahora unas pequeñas disidencias con el bruto del dosier: Rodolfo Edwards, con una nota un poco sobrada de palabrerío y falta de muestras, intenta por un lado una genealogía en la que se puede pensar (los personajes sórdidos del Arlt, Discépolo señalando los desatinos de su época) y por otro lado cierta impertinencia de los Redondos (es casi imposible hacerlos entrar en la tradición poética del roc argentino). También sucede que Aliaga tira alguna punta, aunque la relación con la escritura de Nicanor Parra resulte forzada.

La nota editorial de La Guacha -otra vez- aborrece de la academia, aunque la nombra –una vez sí, una no- con mayúsculas: “Si Wiliam Blake habla del cielo y el infierno la academia se hace hace pis”; ”La Academia (…) no ha tenido el valor todavía de abordar la producción de Solari como esta merece”; “(…) los parámetros de la academia que siempre recortan por lo más delgado y sancionan con el silenciamiento a las poéticas de matriz popular”.

Sin embargo, varios de los artículos del dosier están llenos de referencias académicas. O, más específicamente, mal vestidos con prendas sueltas que encontró al pasar un alumno de primer año de alguna disciplina social. A ver: De Mateo empieza con “(…) asir las producciones simbólicas” para después citar a: Borges, Alighieri, Valery, Kristeva y –cómo no- a Deleuze que como todos sabemos sirve para todo. Y, acorde al título de la columna, usa varios giros que son lugares comunes del discurso académico: “lectura inmanente”, “resignificada”, “rizomático”, “orden del discurso”, etc.

La columnita de Watkins empieza aludiendo a Derrida y a Benjamin (lo aclara él con sus paréntesis). La manera demagógica y acrítica en la que este autor usa la expresión “palabra empoderada” (en itálica en el original) merece un párrafo aparte que no vamos a escribir. “(…) lugares abiertos a las disputas de sentido”, dice en otro lado Ghigonetto. Es casi gracioso cómo la palabra “sentido” se repite en los artículos, de la misma abundante y descuidada manera en que la usan los estudiantes que recién empiezan letras.

¿Pero cuál es la crema de este heladito de mal gusto? ¿Con qué se rellena el cucurucho del bolazo? Lo más sustancioso es que, salvo el gesto francamente demagógico de citar a modo de título o colofón cachos de letras que sabemos todos, no se habla casi en ningún artículo de lo que promete la tapa: la poética del Indio Solari. Es lo que dice la editorial en un desliz de autenticidad: falta el Indio.

Sobran lugares comunes, pero no hay letras de Solari. Y menos las hay puestas en un contexto de especulación tal que este dé cuenta razonablemente de sus referencias, sus recursos, su estilo, su estética, el peso cultural de su discurso, su belleza. Hay opiniones, no hay ideas. Hay mucha metáfora casi siempre vacua, lo que no hay es una lectura apoyada en mecanismos intelectuales razonables. Casi todo va masomenos así: opiniones sin razones y sanata pseudopoética.

Aquí un poco de la sanata pseudopoética que hay en las siete sucesivas páginas del dosier. Claudio Lo Menzo: “aquelarre de emociones que hacen surco”, “y esa voz sincera que aflora con palabras movedizas”, “pulsa a corazón abierto”, “océano de otras almas que se cantan a sí mismas”. Martín Gómez: “estas líneas no pueden servir más que como una invitación a esos conjuros”, “es como si con los inclaudicables ojos que el Indio afirma haber alquilado para ver el mundo le hubieran sido dadas (sic) la capacidad de escudriñar”. Santiago Lo Menzo: “fundando la logia en la prueba del no soñar”. Kiki La Plume: “por eso el Indio se me aparece como una especie de mago neoplatónico o alquimista espiritual”. Watkins: “irrumpe una lectura del corazón y la memoria”, “lo aurático visto por Benjamin”, etc., etc., etc. Pareciera que la manera de ayudar a comprender la escritura del Indio que tienen estos tipos es decir cosas incomprensibles a los desgraciados lectores. Si el Indio escribe raro y vende, nosotros también, qué tanto.

Así como no contaron con el Indio, tampoco contaron con la posibilidad de un trabajo crítico (no importa si “académico” o no). “Tremendo arraigo popular” dicen muchos de los que escriben en este dosier, de maneras masomenos parecidas. ¿Eso quiere decir que lo escucha mucha gente o quiere decir otras cosas? Si quiere decir otras cosas, ¿qué cosas? ¿En qué letras del indio está puesto eso y cómo? ¿Qué quiere decir “popular” para el que lo escribe? La Guacha dice siempre que reivindica la “Poesía Popular”, alguna vez podría intentar explicar qué carajo quieren decir con eso.

En cuanto a lo que pone Edwards (la filiación temática con Arlt y Discepolo), nosotros entendemos que algo de eso hay, y creemos saber dónde lo hay, pero ya que está ¿no podría dedicar tres líneas a contárselo a otros? Aliaga postula algo interesante: “Solari llevó un público masivo a una zona de acercamiento a la poesía”, faltaría animarse un poco al “cómo” de tal cosa. “No bajar líneas (sic) es una forma de construir los poemas, una forma de delinear una poética”, escribe Ghigonetto. ¿Seguro que los textos del Indio no bajan línea? ¿Cómo es posible eso? ¿Hay algún texto de alguien que no baje línea?

Otra cosa que usan casi todos son las palabras “críptico” y “hermético”, y de manera equivalente. ¿Alguno podría tomarse el trabajito de explicar que no significan lo mismo y qué quieren decir con tales cosas? Si la obra de Solari tiene cientos de miles de seguidores, seguramente ellos algo entienden de lo que dice… ¿Alguno podría preguntarle al “pueblo”, a los que no hacen columnas en la revista, qué es lo que entiende de las letras de Solari? “Comunicación y poesía simultáneas, y esto es asombroso” pone Watkins, en el colmo de la tontera.

En este uso denodado de las palabras “críptico”, “hermético” y similares reside una parte de la estafa del dosier: se sugiere que la poética del indio es un misterio cerrado, que no se puede entender bien, que en tal caso hay que conformarse con balbuceos como los que se escriben en la mayoría de estos artículos. Y eso es otra mentira. Una mentira en este caso muy política, que juega con las posibilidades de poder de quienes aparentemente tienen una llavecita.

Los lugares comunes que aquí abundan no solo son habituales para el caso de las letras de Solari. Son lugares comunes de la crítica literaria ramplona, incluso de la crítica de arte en general. Se dice que quien oye completa el sentido, que los artistas tienen una antena que recibe cosas que los demás no reciben, que los textos tienen más de una lectura posible, que la voz del artista es única, que la voz del artista interpreta a todos, que la obra produce catarsis en el oyente, que la obra es experimental, que su lenguaje es nuevo, que desafía lo convencional, que su lenguaje es conmovedor, que todo es medio enigmático, que es imposible una lectura inmanente de la obra, que es necesario para entender combinar el pensamiento y el sentimiento y cosas así por el estilo, cosas que nos hemos cansado de leer desde hace mucho los que a veces leemos.

La introducción al dosier explica: “Lo que Solari ha construido en estos más de 30 años no depende de esta edición de La Guacha, claro”. ¿En serio alguien escribió semejante gansada? ¿No da vergüenza ajena? ¿No le da vergüenza a quien lo escribió? Tampoco parece a La Guacha interesarle la historia, porque se trata de más de 40 años de producción de los Redondos, no “más de 30 años”.

“No nos interesa la hegemonía del gusto o el canon oficial” repite la editorial. ¿Tenés un enemigo medio por defecto y ni siquiera lo conocés? Si no te interesa ni le prestás atención a eso ¿cómo hacés para darte cuenta si acaso hacés algo distinto? Si no sabés qué es el neoliberalismo, ¿cómo hacés política ahora?

Una vez Alf hizo vestir con carne muerta a los Tanner, su familia adoptada, para recordar una tradición de su planeta. Todos debían envolverse durante todo el día con chorizos, bifes de chancho de York, hamburguesas crudas. Ese gesto horrible les hizo ganar el amor del pequeño extraterrestre. Lo mismo hacen aquí los de La Guacha, vestirse con carne muerta para obtener favor: “Nos gustaría pensar que el querido JavieR ArduriZ hubiera aprobado y participado en un número como este”. Nosotros más bien creemos que nuestro querido RobertO BuenO, escritor y pintor bahiense también fallecido y amigo de ArduriZ, le hubiera avisado a ArduriZ que esto era una chantada.

 

* Mauro Ariel Fernández conduce Relámpago de Sémola (casi un programa de rock), que se emite semanalmente por la radio de la UTN Bahía Blanca (93.5). Germán Ledesma es uno de sus colaboradores.

 

 

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HACER LISTAS: ENTRE LA NEUROSIS Y EL GESTO POÉTICO

 

Un artista sin obra (o en todo caso una obra potencial). También una muestra que se reduzca únicamente al catálogo. Algo así propone Cosas que me gustaría pintar, un librito que recopila 10 listas con 50 imágenes cada una, que anidan no en el lienzo sino en la cabeza del que las escribe. Acá van las primeras cincuenta:

48368619_2210393425680140_6559398273495334912_nPor G.L.

Un empedrado.

Un árbol sin hojas que proyecta su sombra sobre el asfalto de un barrio residencial.

Una casa azul.

Una tormenta negrísima sobre la llanura pampeana.

Un nadador en slip rojo saliendo del enorme piletón del balneario Maldonado.

Una escalera blanca que sube de manera simétrica hasta un punto de fuga proyectando sombras grises.

Un toro.

Menem todavía gobernador de La Rioja en una casa quinta celebrando una fiesta privada.

El polo petroquímico de noche.

Un torso gris sobre un fondo rojo.

Nubes cumulonimbus, de abajo para arriba cada vez más blancas.

Un hombre con dos cabezas sosteniendo un pincel.

La autopista 25 de mayo al atardecer: del lado izquierdo las luces blancas de los autos que vienen, del lado derecho las luces rojas de los que se van.

Barcos negros surcando el mar.

Un pescado naranja con la boca abierta, apoyado sobre hielo en el mostrador de una pescadería.

Un Mercedes Benz 280 modelo 81, azul oscuro, estacionado arriba de la vereda.

Un grupo de obreros en un lavadero industrial, con botas de goma y mamelucos blancos, sentados en una tarima un rato antes de que empiece la jornada laboral.

Un volcán en erupción dejando un hilo naranja sobre un fondo negro.

El brazo de una mujer extendido sobre sábanas floreadas, con un moretón violeta en el lado interior del bíceps y abundante pelo debajo de la axila.

Un basural.

El pozo profundo para un tanque de agua y la montaña de tierra al lado.

Dos hileras de Ford Falcon viejos, llenos de tierra, en un depósito de chapa con forma circular.

Lombroso, en una cuadrícula, de frente y de perfil, dos veces.

La trompa hundida de un avión.

La curva de un arroyo de agua negra atravesando un territorio nevado.

Un hombre de espaldas vestido con traje, en un rincón, proyectando su sombra.

Un grupo de noteros de televisión sobre un portón verde, en una hora muerta de una guardia periodística, sosteniendo los micrófonos con aburrimiento.

Un limpiavidrios visto desde adentro de un auto, la mitad de la cara desdibujada por el detergente.

Un par de zapatillas Nike pixeladas.

Una casa blanca con aberturas negras.

Personas rojas recostadas sobre sillas plegables de color rosa claro en una playa también rosa.

Un teléfono Entel naranja con forma de huevo.

Un cactus en el medio del desierto, los brotes exteriores azul oscuro y los interiores en tres tonos de verde.

La estatua de Gardel en el banco de una peatonal, sin una mano.

Dos dedos adentro de una boca.

Una habitación rectangular revestida con mosaicos amarillos; en el medio una mesa de operaciones iluminada por un fluorescente y en una ventana la noche azul..

Un gato pelirrojo casi del mismo tono que el parquet sobre el que está acostado.

Un hombre de mediana edad con la cara tachada.

Un kiosco de revistas multicolor.

Dos manos sosteniendo un billete de 10.000 australes.

Un perro salchicha marrón durmiendo arriba de una bolsa de consorcio negra llena de basura.

Vacas en un campo visto desde la ruta: puntos negros sobre un fondo verde.

Una farola prendida en pleno mediodía, con el sol atrás, sobre una red de cables que cruza el cielo.

Sarmiento, todavía vivo, sentado en un pupitre en un interior amueblado, vestido con una túnica marrón que le tapa incluso los pies, abanicándose con un abanico floreado mientras mira la escupidera que hay en el piso.

La palma de una mano sosteniendo tres pastillas blancas.

La visión satelital de San Francisco de Bellocq y sus campos aledaños.

Un edificio que se va torciendo hasta volverse horizontal.

Una mujer recostada sobre el respaldo de la cama con una mascarilla verde.

Un témpano de hielo sobre un océano gris.

Un sapo negro con dos alas.

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DIARIO DE UNA LECTURA

Recortes, citas textuales, de Aristóteles, Baudelaire, Zola, Flaubert y Bourdieu a partir de la lectura de Las reglas del arte, conforman un itinerario aleatorio:

tumblr_nsiaalV2AZ1rq9lujo1_50017 de julio a las 14:55 ·

“El amor por el arte, como el amor a secas, incluso y sobre todo el más arrebatado, se siente fundamentado en su objeto”.

18 de julio a las 12:27 ·

“Pintarás el vino, a las mujeres, la gloria, a condición, mi buen amigo, de que no seas borracho, ni marido, ni amante, ni soldado. Mezclado con la vida, cuesta distinguirla, se sufre y se goza demasiado. El artista, en mi opinión, es una monstruosidad, algo ajeno a la naturaleza” (Flaubert).

18 de julio a las 12:32 ·

“Los pájaros enjaulados me inspiran tanta compasión como los pueblos esclavizados. De toda la política, sólo comprendo una cosa, la revuelta. Fatalista como un turco, creo que todo lo que podemos hacer por el progreso de la humanidad o nada, es lo mismo” (Flaubert).

19 de julio a las 13:21 ·

Flaubert, 1853: “Esto se acabó. Hay que encerrarse y seguir sumido en la propia obra, como un topo”.

20 de julio a las 15:51 ·

Baudelaire: “Me hubiera gustado ser sucesivamente verdugo y víctima, para conocer las sensaciones que se experimentan en ambos casos”.

Bourdieu: “el dandismo no es sólo propósito de parecer y de asombrar, ostentación de la diferencia o incluso placer de desagradar, intención concertada de desconcertar, de escandalizar, mediante la voz, el ademán, el sarcasmo; es también y sobre todo una postura ética y estética volcada íntegramente hacia una cultura (y no un culto) del yo, es decir hacia la exaltación y la concentración de las capacidades sensibles e intelectuales”.

20 de julio a las 15:56 ·

Flaubert: “La estupidez consiste en querer concluir”.

20 de julio a las 17:29 ·

“Flaubert -decía Gautier- ha sido más ingenioso que nosotros. Ha tenido la inteligencia de venir al mundo con algún tipo de patrimonio, cosa que resulta absolutamente imprescindible para cualquiera que pretenda hacer arte”.

20 de julio a las 18:05 ·

“Afición por la observación exacta, desconfianza respecto al lirismo, fe en los poderes de la ciencia, pesimismo y sobre todo rechazo de toda jerarquía en los objetos o los estilos que se afirma en el derecho a decirlo todo y en el derecho de todas las cosas a ser dichas”.

Ayer a las 13:26 ·

Flaubert: “saber escribir lo mediocre”.

Ayer a las 14:55 ·

Flaubert: “Estoy llegando a los tonos algo tenebrosos. Se empiezan a pisar tripas y a quemar moribundos. ¡Baudelaire estará contento!”.

Ayer a las 15:04 ·

Flaubert sobre La educación sentimental: “Es un libro que está condenado, querido amigo, porque no hace esto”, y juntando las manos largas y elegantes pese a su robustez, imitó la construcción de una pirámide.

Bourdieu: “El rechazo de la construcción piramidal, es decir de la convergencia ascendente hacia una idea, una convicción, una conclusión, contiene por sí mismo un mensaje. Este texto que al negarse a ‘formar una pirámide’ y a ‘abrir perspectivas’ se afirma como un discurso sin más allá, y en el que el autor se ha borrado a sí mismo, pero como un Dios spinozista, inmanente y coextensivo a su creación, ese es en efecto el punto de vista de Flaubert”.

1 h ·

Zola: “Me imagino que estoy en plena calle y que me cruzo con un tropel de nenes que persiguen a Manet a pedradas. Los críticos de arte -perdón, los agentes del orden- no cumplen bien su cometido; aumentan el tumulto en vez de calmarlo, e incluso, ¡que Dios me perdone!, me parece que los agentes del orden tienen unos adoquines enormes en las manos. De entrada hay, en este espectáculo, una cierta vulgaridad que me entristece, a mí, transeúnte desinteresado, de aire tranquilo y libre. Me acerco, pregunto a los nenes, pregunto a los agentes del orden; sé cuál es el crimen que este paria al que lapidan ha cometido. Me vuelvo a casa, y, en honor a la verdad, establezco el testimonio que va a ser leído”. Un testimonio de esta índole es el que establecerá el “Yo acuso”.

1 h · Editado ·

Aristóteles (vía Bourdieu): “¿Cómo un ejército en desbandada se detiene en su huida? ¿En qué momento cabe decir que se detuvo? ¿En el momento en que se detuvo el primero, el segundo, el tercer soldado? ¿O tan sólo cuando un número suficiente de soldados ha dejado de huir o incluso cuando el último de los fugitivos se ha detenido en su huida? De hecho, no se puede decir que el ejército se detuvo con él: ya hacía tiempo que había empezado a detenerse”.

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PEQUEÑA MAMBA

Si vas en el tren Mitre para el lado de capital a la altura de Palermo se pueden ver los trabajos mecánicos para un nuevo viaducto. La terminal de esa línea es la estación de Retiro. Cruzando Libertador, en la Plaza San Martín la línea C de subte te lleva a Constitución, pero si bajás en San Juan y caminás unas cinco cuadras podés entrar al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Ahí, en el marco de la exposición “Historia de dos mundos” hay algunas obras de León Ferrari, entre las que se puede ver un laberinto, proyección física de una arquitectura mental que en su momento empezaba a estar en sintonía con los procesos modernizadores del entorno urbano. Unas horas después, y esto es lo divertido del asunto, volviendo en un segundo colectivo por avenida Santa Fe, podés mirar el mosaico de fotos en tu celular y preguntarte si acaso la muestra no había empezado mucho antes de que traspasaras la puerta del museo.

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LA MUERTE Y YO. ALGO SOBRE EL ESTADO DE COSAS EN BAHÍA BLANCA

tumblr_mgmoidv2HC1qelemfo1_500A principios del 2016, sentado en una curva que sube a Villa Cerrito, Maxi me dijo que íbamos a empezar a ver pasar los pibes con bolsitas de Fortex, una postal repetida durante los noventa. Los dos crecimos al calor del menemismo neoliberal en barrios alejados del centro de Bahía Blanca y era común ver a los “mocos” jalando en los descampados y después encontrar las bolsas de nylon con una pasta verdosa y transparente. Ese era un poco el signo de nuestra época y lo aceptábamos como algo natural. Después, más allá de los debates ruidosos en la televisión, la verdad es que el peronismo tomó otra cara y esa imagen naturalizada se modificó sustancialmente: durante años largos dejamos de ver esos frutos raros en las ramas de los árboles, colgando con todo el peso de la segregación, y pasamos a ver las caras iluminadas por las pantallas de las netbooks que los pibes se llevaban de las escuelas de esos mismos barrios. Esto puede sonar maniqueo e incluso capaz lo sea, pero en clave visual también es un dato concreto.

Ahora, en pleno 2018, en Bahía hay una ola de violencia y muerte que dista mucho de ser una metáfora. A varios hechos aberrantes se le suman la muerte por sobredosis de una chica de 15 años, abandonada en un hospital público, y la de una de 19, según información oficial apuñalada por tres menores cuando le quisieron robar una mochila. La chica de 15 era integrante de la Orquesta Escuela del Barrio Miramar, desarticulada por el gobierno municipal de Cambiemos. Es decir: supo tener un espacio de contención hasta que la lógica fría del ajuste presupuestario la dejó dando vueltas en la calle, muy a su deriva. Los tres chicos que mataron a la de 19, como me avisó Maxi, iban jalando pegamento en el barrio Rucci, sin un proyecto de vida y alejados de la educación formal. Los medios de comunicación y muchos oyentes que graban sus audios de whatsapp hablan de la droga como un ente autónomo y demoníaco que corrompe y pervierte, y se suman al discurso enlatado del narcotráfico como elemento subversivo, que bajan los mismos que hoy llevan adelante las políticas de desguace del Estado. Como en los noventa, se trata del tejido social, ese que estuvo más o menos parchado en la década anterior y que hoy vuelve a mostrar agujeros que significan precarización de las condiciones materiales, pero también de la propia existencia en términos filosóficos.

Saber eso: darle la venia a policías para que disparen por la espalda no recompone ningún tejido. Destrozar las casas de los que supuestamente mataron en un viaje de tolueno, tampoco.

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2 MEMES

  1. Panigasi y Merlí:

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2. Panigasi, Merlí, Mauro Fernández y Bruce Willis:

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VACACIONES

Mariel Oviedo y una esfera china de marfil

Por M.O.

En un texto curatorial Ana Longoni escribe algo así –cito de memoria- como que las chicas del GAC luego de alcanzar cierto éxito en el mundo del arte deciden replegarse y ya nadie sabe mucho de ellas, aunque siguen trabajando durante veinte años. Que toman la decisión, en un gesto político, de dejar el arte para hacer activismo. Algo así la diacronía, una señora teórica con su escritura perfecta nos lo explica, quizás edite un libro, quizás alguna editorial de temas importantes lo acerque a un público ajeno al mismísimo mundillo del arte contemporáneo al que parece ser el único que le importan el paradero de las artistas activistas e incluso sus producciones alegres marginales –en la muestra del texto curatorial hay videos en los que comen asados felices, jóvenes, juntas-.
Al malestar que vengo arrastrando hace unos meses, con más o menos altibajos, le sumo el malestar de entrar al Parque de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Sintomáticamente el efecto que me produce el monumento es similar al que me producen algunas obras de arte. Hace una semana me tocó desembalar, revisar y reembalar unas 150 piezas del coleccionista para el que trabajo y el efecto fue el mismo. Hay un síndrome (Stendhal) que explica esto. Una cuestión psicosomática, pero más allá de Stendhal yo tengo mis propios motivos para sentirme así: si toco un ente me chupo su vida.
Malestar, de pronto me siento un agujero negro y empiezo a pensar con acierto que le hago mal a las personas que tengo alrededor. De la muestra del GAC vamos con Fer a buscar un veinticinco a Cabildo y Juramento. El tipo que le iba a vender el prensado para que se lleve a un viaje relámpago a algún lugar del gran Buenos Aires que no recuerdo, no aparece. Hay mucha gente, damos vueltas, muchas vueltas, en un momento señalo un colectivo que me lleva a mi casa y Fer me dice que me suba. Me subo pensando que ya no me estaba soportando, no lo culpo ni me pongo triste porque yo tampoco me estaba soportando.
Desde cierto punto de vista lo contemporáneo en el arte es más que nada un lenguaje. Un lenguaje especialmente preocupado por definirse a sí mismo, posicionándose como el momento privilegiado de autocrítica y autorreflexividad del arte mismo, lo que lleva a un montón de personas a sentirse muy triste por lo que ve en los museos y a debatirse constantemente qué es y qué no es arte. Lo contemporáneo es además el lenguaje del discurso hegemónico del arte, un régimen de diferenciación y discriminación que hace sentir muy incómoda especialmente a personas como las chicas del GAC que parecen detestar las formas en que el poder se manifiesta. El problema desde las vanguardias en adelante es que todo lo que el mundo del arte fagocita pierde la vida, que podríamos decir que vive en los lenguajes singulares y lo que con ellos se dice. Como contrapunto una vida artística con un lenguaje singular no colonizado por el de la contemporaneidad museológica o de publicación académica, al igual que como en las vanguardias, corre el riesgo de diluirse en la vida cotidiana. De todo esto desprender algunas cosas: que si la hegemonía habla un lenguaje (no importa cuál sea) hay que hablar otro. Que si el tiempo que habitamos habla un lenguaje y nosotros otro, uno puede tener la ventaja de tener la propia lengua y aprender la suya, en tanto ser bilingüe. Que aprender el lenguaje de las instituciones es útil para acceder a lo que por ellas está mediado.
Siempre sentí una certeza especial al acercarme a las obras de artistas que conocí: las obras son idénticas a sus artistas. Todo esto me conmueve un poco y tengo la sensación de que me conmueve demasiado, se me desata un pensamiento espiralado obsesivo: no quiero tocar nunca más nada.

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Para ver fotos de la obra GAC: Liquidación x cierre en el Parque de la Memoria hacer click acá.
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