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¿QUÉ ES ESTO?

Sobre el recital del Indio Solari en Olavarría

Por G.L.

Aunque sea tarde cabría pensar, con todo lo paradójico, al indio como un hombre de Estado. ¿Pero de uno de qué tipo y que contiene qué cosa?

Por supuesto también hay que pensar el acontecimiento de hace dos noches. Y habría que hacerlo incluso más allá del aspecto sociológico, sobre el fondo de su obra estética. A mí no me da la cabeza, no es algo que pudiera hacer ahora.

En cuanto a la organización, hay algunos consensos que efectivamente son ciertos: la descomunal cantidad de gente queda librada a sus propias fuerzas. Y me parece que ese es un poco el punto filosófico del indio: tenemos que cuidarnos entre nosotros. Cabe la posibilidad de dos muertos, de siete, de quince y también la de ninguno. En principio, afuera casi no hay policías y eso es un mérito del poder de convocatoria que excede la potencia de un orden en cuanto represivo. Pero adentro lo mismo: la organización queda insuficiente teniendo en cuenta la magnitud del show. Y la cuestión de los millones no es una cuestión relevante, a no ser que decidiéramos pensar, en términos de sustentabilidad, esa lógica de que una parte paga la seguridad de un todo que la supera ampliamente. Lógica que eso: mientras sea sustentable (incluso con la posibilidad de desenlaces fatales) no admite mayores cuestionamientos.

Después está la noticia y toda la carroña mediática.

En cuanto a lo que contiene ese Estado anárquico del indio y su relación con él mismo en cuanto líder carismático, Olavarría dejó alguna cosa. ¿Qué dice ese cuerpo inorgánico, no homogéneo, con trescientas-y-pico-mil cabezas? Esto no es fácil de decodificar, ni siquiera desde arriba del escenario. Desde abajo, en cambio, algunos puntos están más claros. Antenoche, a partir del tercer tema hubo un recital ortiva porque no se pudo más que seguir bailando arriba de un muerto, y palabras entre líneas. Más allá de las aristas espectaculares, omnipresentes y agotadoras de la noticia en la televisión, hay el dato para ese cuerpo monstruoso que sigue al indio. El pelado está cansado y no tiene más ganas de seguir poniendo a prueba, contra la masa, el poder de su lengua.

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ROCK PARA LOS DIENTES

El recital del Indio Solari en Tandil por Leopoldo Veres (para LIYO):

La sensación que tengo es que después de este recital nos quedamos más solos.

Tandil (en realidad tengo que hablar de Villa Aguirre), se vio desbordada por las 50.000 personas. Mucho barro, niebla, algo de ciudad gótica en algún momento, criaturas, una que me habló y me dio miedo, el único momento que sentí verdadero miedo pero más que nada por cierto ritmo y estructura del diálogo (de no más de seis líneas entrecortadas por silencios), que mientras pasaba me hacía sentir adentro de una película de David Lynch.

Algo capaz meritorio: si bien no sentí durante el recital una marcada euforia cocainómana, sí ya habiendo vuelto a mi ciudad y después de haber dormido seis horas, siento algo así como un bajón de pala.

Algunas cosas más allá de todo: que un policía no puede hacer nada o casi, en un recital del Indio.

La procesión en la niebla de tantas personas juntas.

Que decididamente no puedo sentirme representado por esa gente, en lo particular y en lo que de masa tienen todos juntos.

El recital como el momento de hacerme acordar que, más allá de adjetivos posibles y complejos, algunas canciones del Indio son sobre todo lindas.

El Indio tomando un vaso de Whisky en pantalla gigante.

Que lo más parecido a un momento aurático duró muy poco: el comienzo con esa introducción de misa pagana. El quiebre inmediato: la música de la guerra de las galaxias.

Que más allá de tres o cuatro puntos muy altos musicalmente faltaron algunas canciones y sobraron otras.

Puntos altos aislados: algunas guitarras, un piano, algunos ruidos, “Juguetes perdidos”.

Canciones que sobraron: “La hija del fletero”, “Un ángel para tu soledad”, “Nike es la cultura”.

Cosas que faltaron: más “Oktubre”, más “Baión”, más “Bang Bang”.

Que más allá de todo el megarecital del Indio, si lo vas a ver al Indio, termina siendo austero. Se habla poco entre tema y tema, e incluso, por lo menos esta vez, se dijo poco también. Estar ahí solamente para cazar un gesto o un exabrupto, algo que la prensa tradicional no pueda o no deba o no le interese reflejar.

Que hicimos nuestra caza y que resultó en una oración muy poco premeditada, de comentario gracioso al que está al lado para explicar un flash, algo que dijo el Indio, una oración, que en algún punto incluso me parece resume lo que fue el recital, algo alucinógeno pero de flash absurdo. Dijo refiriéndose al público: “Les están dando agua y yo pienso que hay goma”.

Eso mismo me pasaba alternativamente en la previa, cuando después de los tickets (algo animal), y antes de ir a buscar una cerveza, pusieron a uno por rastrillo. Después en algunos movimientos bruscos, incluso normales en el marco de 50.000 personas, el flash de que se estaban dando goma.

Algunas imágenes más de la vuelta que tienen cierto patetismo.

La definición de Diego en una palabra: “violento”.

Mi propia definición en dos palabras: “parcialmente nublado”.

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