POLICIALES

Es una tranquilidad saber que uno no tiene nada encima cuando va caminando por un pasillo largo (con entrada y salida a mitad de dos calles paralelas) si un policía viene atrás.

gorra_policia01(1)El otro día, caminando por la calle Sarmiento, se dio esta ecuación pero de manera invertida. Iba caminando atrás de dos policías, rengo por un dolor crónico en mi rodilla, encapuchado (con mi campera de “Malvinas”), un pantalón Adidas trucho y unas Converse de lona muy viejas. Así y todo, con mi dolor rotuliano crónico, alcancé a los policías y en una frenada uno se corrió un poco a la izquierda, justo cuando estaba por pasarlos y tuvimos un choque mínimo, por lo que tuve que darle un medio abrazo amistoso (con mi mano izquierda agarré al que se había corrido levemente como para reducir el impacto de ese choque mínimo) y el policía me dijo “pase amigo”. De ahí hasta la plaza Rivadavia me escoltaron como si me estuviesen llevando preso, pero nada más lejos: yo iba rengueando y sintiéndome seguro, sobre todo de mí mismo.

Hace unos días, cuando finalmente pude hacerme cargo del negocio familiar en Buenos Aires, estaba parado en la puerta del local mirando el flujo de personas con unos lentes negros tipo Rayban y dos policías empezaron a gritarme algo, seguramente por la forma de apoyarme en la pared. De inmediato lo vi a Petrovna que venía con su esposa por la vereda de enfrente, caminando en plan de paseo turístico, con una campera inflada y una gorra reglamentaria de policía puesta en la cabeza. Petrovna está de la nuca: lo supe siempre y lo ratifiqué en ese instante. Sin hacer caso de los gritos policiales grité fuerte el nombre de Petrovna para que me viera y después de cruzar de vereda en un amistoso encuentro se sacó la gorra y me dijo “acobachála por ahí que no la vean”. Le hice algún chiste en relación a su vestimenta (que era un turista asqueroso) y agarré la gorra reglamentaria. Pasamos adentro del local, dejé la gorra abajo del mostrador, y los policías desaparecieron en el flujo de gente, seguramente atrás del rastro de alguna otra persona sola.

(Bahía Blanca, 2006)

 

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