CRÓNICA DESDE LA ZOMBERA

Por Rosa O`Henry

Gilda resucitó sólo para vomitar un poco y se enterró rapidito, los fanáticos se conformaron con la chica sobre ruedas. El hombre hizo lo que sabe: bailó. La coreografía muy sucinta y sin despilfarro de talento, acorde a los tiempos que corren o empiezan a correr. La jovencita lo miraba, dicen algunos, con estupor. También hay quienes dicen con admiración, con sorpresa, con incomodidad, orgullo, asco, intriga, sin deseo, etcétera, como siempre hay para todos los gustos. Eso sí, orgullosa en su tarea de sostener la banda (la doblaba como una bufanda) mientras su zombi se movía al ritmo de la aspereza vocal de su otra dama minusválida.
Algunos esperaban millones de zombis copando la plaza pública, no eran tantos pero también cantaban y bailaban con entusiasmo, con amor, con esperanza, todos juntos, sí se puede, sí se puede, sí se puede, sal si puedes…
Te juro que continuará.

zombie pro

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