LOS TRES

Rosa O`Henrry nos mandó su versión de “El Fiord”:

el fiordSe acabó el último cigarrillo y no se puede salir. Como cuando eran chicos, van a armar uno con cualquier verdura. La nena llora y la callan de un castañazo, lo peor, llora el doble y todos piden a gritos que se calle.

La mamá la abraza y la nena se refriega la cara sobre el delantal. Los padres la miran, uno de ellos aportó la leche, pero no saben, y en estos casos siempre se miran. Por las dudas ninguno se hace cargo de la nena. El que se equivoca pasa un papelón y los dos dudan por igual.

Por el ventiluz se hace de noche y la ansiedad invade, es la hora de festejar. Paso uno: encierran a la nena en el baño, es demasiado chiquita para ver.

Ninguno de los dos tiene ganas de compartir hoy, llevan meses de trío y están podridos.

Se miran sin odio pero saben que se viene el trompis. Clara espera sentada en la cama.

Los dos adivinan el final.

Pancho dobla en tamaño a Raúl, pero Raúl no sabe karate. Piensa en darse por vencido de entrada y se arrima a firmar su derrota. Siente que los nudillos de Pancho le abren la cara en dos, tiene los sesos al aire y cae desparramado. Como en un sueño, sin dolor, las trompadas le siguen lloviendo y la sangre que chorrea por el cuerpo resulta refrescante.

Ve la imagen borrosa de la cara del ganador llena de lunares rojos, dura un segundo, Pancho lo da vuelta y le baja el calzón. El cuerpo de Raúl flamea hasta que lo ensarta, ¡Y cómo! Tiene la verga como una nutria.

Clara no quiere mirar pero se tienta. No aguanta más y se atiende sola. Desde el baño llega nítido el ruido del trompo que le dieron a la nena para que no se aburra.

Se saca los dedos cuando ve que Pancho se acerca, ahora le toca a ella y goza por adelantado, acaba un milímetro antes de que la toque. Fue un polvo de novela, aunque en ninguna novela se echan un polvo así.

Raúl se arrastra como puede y piensa en Agustín: si él estuviera acá, nada de esto pasaría. Pero está enjaulado, muy al sur, en Tierra del Fuego, y no va a volver por un rato largo. Nunca lo volverán a cagar a trompadas, hay otras formas. Manotea como puede la puerta del baño y decide que es el día que la nena se hace mujer.

……………………….

Afuera amanece y se escuchan frenadas. Rompen el portón a patadas y entran un montón. Ahora, la paliza es pareja para todos, Raúl se relame en la justicia del acto. Clara, además de golpes, también se liga unos cuantos vergazos de los intrusos que hacen fila ordenadamente.

Están destrozados pero suben con dignidad al camioncito, como héroes.

La nena ya tiene familia sustituta.

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