PASAJERO EN TRANCE

HACE MÁS DE UN AÑO SUBIMOS A LIYO UN VIDEOCLÍP QUE LE HICIMOS A LA BANDA “EL AJENJO”. MESES ATRÁS SU VOCALISTA GUIDO ALINCASTRO DE SIMEONE (HOY MÚSICO DE  “CONEJOS”) QUISO IR A CONOCER ESPAÑA Y COMO TANTOS OTROS SUDAMERICANOS TUVO PROBLEMAS EN EL AEROPUERTO Y FUE DEPORTADO. A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA CRÓNICA PERSONAL Y DETALLADA DE ESA EXPERIENCIA:

 

Por Guido Alincastro De Simeone

 

DeportadosLa historia que les voy a contar no me ocurrió sólo a mi…pasa todos los días, sin que se enteren y seguro los va a sorprender…

Todo comenzó con la invitación de unos familiares y amigos míos que residen en España y Portugal, que, al saber mis ganas de conocer el continente europeo, me ofrecieron su casa para realizar el viaje de mi vida! Compré por Internet un ticket desde Sao Paolo a Lisboa  con escala en Madrid por una empresa aérea china con 4 meses de anticipación debido a que de esta manera era más económico. Luego de la larga espera, llego el día y tomé un vuelo desde Argentina hasta Sao Paolo para empezar mi viaje a Europa! Todo salía perfecto hasta que llegó el momento de la escala en Madrid, en el aeropuerto de Barajas. Al pasar por migraciones y hacerme las preguntas comunes, me dijeron que aguardara para la confirmación de la información que les había brindado. Me pareció raro cuando al querer pasarle los datos de las personas con las que me iba a quedar en Europa no los quisieron aceptar. Esperé sentado unos 20 minutos junto a un hermano brasilero y al poco tiempo fueron llegando más personas, todas latinoamericanas, que iban en el mismo vuelo que yo. Nos vino a buscar un policía y nos llevó a una sala de espera para otra “entrevista”. Ahí nos pusimos a hablar entre todos y preguntándonos si alguno sabía el motivo por el cual estábamos allí. Todos estábamos casi en la misma situación. Al poco tiempo me llaman por mi nombre y me entrevista una oficial. Me pregunta cuánto dinero tengo, qué vengo a hacer a España, y dónde me iba a hospedar. Le contesté todo, le dije que no llevaba mucho efectivo pero que tenía dinero en mi tarjeta de débito, que tenía que tomar un avión a Portugal y que, una vez allá, me iba a quedar dos o tres semanas en lo de un amigo y después iría a Barcelona  a visitar a mi tío. Me pidieron una carta de invitación, pero cuando dije que no la tenía terminó la entrevista. Volví a la sala de espera hasta que entrevistaron a todos y nos informaron que nos llevarían a otra sala más grande donde teníamos que esperar para otra entrevista  en la cual tendríamos un abogado de oficio gratuito para ver si podíamos entrar o no a Europa. Nos  hicieron subir por unas escaleras, por lo menos unos 3 o 4 pisos, entramos en lo que parecían unas oficinas y nos recibió un oficial que guardó nuestras pertenencias en una habitación bajo llave diciendo que por cuestiones de seguridad no podíamos tener nuestras cosas allí. Incluso me sacaron el cinturón, celular y hasta la guitarra! Luego fuimos a una sala donde nos dejaron junto a otras personas también detenidas, en el lugar que, por 4 días, sería mi cárcel.

 

Había muchas caras angustiadas, gente llorando y otras hablando por teléfono, me senté e intercambiamos palabras entre todos los latinos de diferentes países que estaban en la misma situación y esperé a ser llamado para la entrevista junto al abogado que me iba a defender y así conseguir mi entrada a España y  poder tomar mi vuelo a Lisboa que salía en 4 horas. Vi mucha gente de Venezuela, Brasil y Rep. Dominicana. Todos en una  situación parecida, sin carta de invitación o el dinero en efectivo suficiente que ellos consideran necesario para vivir en Europa como turista, unos 65 euros por día, algo ilógico hasta para los mismos españoles. Minutos antes de que vengan a buscarme para la tercera entrevista, una muchacha venezolana de ojos tristes me dijo: “No es por querer destruir tus esperanzas, pero ellos te mienten, quieren que estés tranquilo, cuando te suben acá es porque te van a mandar para tu país… no importa lo que les digas, no les importa!” Yo, iluso y lleno de esperanzas no presté mucha atención a las palabras de mi nueva amiga y al escuchar mi nombre me fui saludando a todos deseándole suerte como si ahí terminara mi paso por esa sala. Bajé por las escaleras, escoltado por policías, junto a un chico venezolano, que venía de turista a quedarse en la casa de una amiga, y una mujer brasilera junto a su hijo. Nos dejaron en una sala más pequeña y nos llamaron por nuestros nombres, yo fui el primero en ser entrevistado. Una oficial junto a una abogada me hicieron las mismas preguntas que antes y pidieron que les mostrara todo el dinero que llevaba. Saqué mis 50 dólares, 20 pesos argentinos y 6 reales brasileros que me quedaban para el resto del viaje hasta llegar a Lisboa. Mostré mi tarjeta de debito, me preguntaron de qué trabajaba y con quién vivía, una y otra vez, seguro con la idea de ver si estaba mintiendo o no. Ofrecí darles los teléfonos de las personas que me iban a dar alojo en sus casas durante mi tour por Europa, pero no los quisieron aceptar. Me pidieron un extracto de mi tarjeta pero al no tenerlo me acusaron de ir sólo a quedarme a vivir allí de manera ilegal y robarles el trabajo a los españoles que están en crisis económica. No me iban a dejar entrar al continente y me daban la opción de pagarme un vuelo a mi país o esperar que salga el próximo de la empresa aérea china en la que había llegado, el cual sería dentro de 4 días. Me recomendaron que pagara el pasaje y me vaya pero no acepté, todavía teniendo esperanzas de poder hacer algo para salir de ese lugar y seguir mi viaje, a lo que la oficial me contestó: “Bueno, ojalá lo soportes… yo te recomiendo que te vayas!” Me llevaron con otro abogado, el cual me leyó unos derechos para emprender acciones legales si yo creía que la situación era injusta y tenía todo en regla para ingresar. Acepté mi error de no informarme sobre los requisitos necesarios para ingresar a su continente y decidí no levantar acciones legales.

 

Luego de entrevistarnos a todos, volvimos escoltados hasta la sala más grande junto a las demás personas retenidas. Mientras subíamos por las escaleras, los policías nos comentaban sobre un asistente social de turno que estaba a nuestra disposición por cualquier cosa que necesitáramos, ya sea por tarjetas para poder hablar por teléfono o cualquier otra inquietud que tuviésemos. Al llegar pude advertir que ahora éramos más, pero sólo veía latinos. Volví a tomar asiento para charlar con los que ahora eran  mis colegas. Muchos venezolanos estaban desde hacía dos días esperando el vuelvo que los devolviera a sus tierras tan amadas. De la única habitación abierta salió corriendo un niño de nacionalidad china. Al no poder entender qué hacía un pequeñito de unos 3 años entre tantos adultos, pregunté por qué estaba allí. Un venezolano, que en horas regresaba a su país, me contó que el niño no tenía visa y no lo dejaban entrar a pesar de que su padre estaba nacionalizado como español y tenia un restaurante en Madrid. Pero mis ojos se tornaron brillosos al escuchar que estaba con su padre viviendo en ese sitio desde hacía 5 días aproximadamente. Mi cabeza se preguntaba ¿Cuál era el mal que podría hacer un niño de 3 años al ingresar a Europa? Nunca lo entendí.

 

Necesitaba hablar por teléfono con mis familiares y amigos, al menos con los que me esperaban en Europa, busqué al asistente social de turno y cambié 20 de mis 50 dólares, compré una tarjeta de 5 euros y hablé con ellos. Ninguno podía creer lo que salía de mi boca. Escuché muchas palabras de aliento, de las cuales voy a estar agradecido siempre, ya que, a pesar de la distancia, nunca me dejaron solo. Volví a tomar asiento entre mis nuevos amigos y afiancé hermandad con Marcio, un reverendo brasilero que sólo pensaba estar en España unos días para luego viajar hasta Israel y así olvidar un poco la mala jugada que le estaba dando la vida en su país, para volver con nuevas fuerzas. También conocí a Anderson, un dominicano que su corazón noble lo llevo a hacer un acto inconsciente y desesperado, pero lleno de amor, por encontrarse con sus hijos y su esposa que viven en Madrid.

Mientras intercambiábamos historias de vida, vimos cómo los policías de turno y la asistente social, discutían con otro chino que salió de la pieza donde estaba el padre con el niño de la misma nacionalidad. No había que ser muy listo para entender que esta persona pedía un medicamento que tenía en su bolso bajo llave. Todavía no puedo creer cómo en un aeropuerto internacional no había ni una persona que hiciera de intérprete entre los chinos y los españoles. Al no entenderse con los policías, lógicamente, el señor se puso un poco nervioso y los encargados de la seguridad tomaron el camino más fácil; palo y a la bolsa. Le pegaron entre 4 y lo encerraron en una habitación sin cama ni nada. Al ver esto mi colega Anderson me dijo: “Acá lo mejor es callarse y esperar que pase el tiempo!” Y tenía toda la razón. Si se preguntan cuánto tiempo estuvo encerrado nuestro compañero chino ahí, fueron dos días hasta que su vuelo salió a China. Sólo le abrían la puerta para tirarle un plato de comida y para que vaya al baño una vez al día ¡Qué dolor que sentimos todos al verlo salir de la pieza con la pierna ensangrentada! ¡¡Unos desgraciados!!

 

Para acortar un poco la historia, ya que vi muchas cosas, voy a empezar a resumir un poco todo… está de más decir que por día entraban unas 20 personas. En cuatro días vi sólo a 5 personas que no eran latinas, casi unos 30 venezolanos y unos 20 argentinos. Entre los que no eran latinos estaban los 3 chinos, un hindú y un empresario turco. Sí, un empresario. Y no había una sola persona que les hiciera de intérprete. Tuvimos que ayudarlos nosotros con el poco inglés que sabíamos. Este empresario nos contó que sólo estaba en Madrid por una reunión de negocios… su vuelo salía de nuevo a Turquía a las 18 horas del mismo día que llegó. Lo convencimos de que llamara a la embajada de Turquía y a las 17:45 horas lo vinieron a buscar los policías de turno, pidiéndole perdón y muy apurados para que no perdiese el vuelo que lo llevaría a su país. Sí, es de no creer, pero pasó.

 

Ahora llega el turno de mi amiga venezolana, la chica de ojos tristes. Segundo día del encierro, hora de la cena (de más está decir que la comida era de mala calidad y todos estábamos mal del estómago) Se acerca esta hermana de Venezuela en muy mal estado. Al parecer tenía mucha fiebre. Como buenos compañeros de la circunstancia que somos, Marcio y quien les relata, fuimos a buscar al oficial de turno para comentarle lo que sucedía. Esta persona encargada de que estemos bien, nos dijo: “Bueno, pero que coma algo a ver si se siente mejor y sino vuelvan en media hora, que viene mi relevo”.

De no creer ¿no? Me hizo recordar a un personaje de la Biblia, y así lo bautizamos. Ese oficial, para todos los encerrados, era Poncio Pilatos. Volvimos derrotados con la mala noticia de que nuestra amiga tenía que esperar media hora. Cuando pasó el tiempo volvimos a buscar a los policías que, sorprendidos y bajo la llamada de atención de “¿Por qué no la trajeron antes?”, la llevaron a la guardia del aeropuerto. Todos sentimos un alivio por nuestra compañera, ya que, el sólo hecho de estar encerrado sin ver el cielo, sin ser delincuente, ya te hace mal, imagínense estando enfermo. Pero todo nuestro alivio se convirtió en odio al ver a nuestra amiga regresar entre lágrimas. Esto que les voy a contar fue unas de las tristezas y angustias más grandes de mi vida, hoy en día me cuesta creer que existan médicos tan mierdas. La chica de ojos tristes y explotada en llanto, nos contó que el médico le dijo: “Si no aparece el termómetro, yo no te toco! Que te curen en tu país!!” Increíble ¿no? Pero pasó, se los juro que pasó. Le dieron un ibuprofeno y la mandaron de nuevo a la sala de inadmitidos ¿Les parece tal discriminación?

 

Les voy a contar otras historias para que se den cuenta de lo ridículo que son los españoles a la hora de ver quién es peligroso para la economía de su país. Primero les cuento lo que le pasó a una mujer que venía en el mismo vuelo que yo, la cual iba a Madrid a visitar a su hija que había sido madre por primera vez. Ella viajaba con su hijo menor que sufría de una enfermedad física. En una de las dos noches de encierro, me contó su historia. Ella es docente del estado brasilero y cuando en la entrevista la acusaron de querer ingresar al país de manera ilegal para robarle trabajo a los españoles, de manera muy educada les dijo una realidad que se ve que no les gustó a los policías. Dijo algo así “¿Cómo pueden creer que vengo a buscar trabajo acá, cuando mi país esta mucho mejor económicamente que el suyo?

A veces cuando uno se cree más que todos le cuesta ver la realidad. Es de ignorante pensar que una docente del estado, en un país en pleno crecimiento y el cual está gozando del mejor momento económico en años, vaya a buscar trabajo a un país en crisis. Esta señora, debido a la enfermedad de su hijo y a la angustia de no poder conocer a su primera nieta, no tuvo otra opción que pagar 2600 euros para volver a Brasil y así no sufrir en esa prisión.

 

Le llegó el turno a mi amigo Pancho, un mexicano muy bueno, que estudiaba inglés en Canadá y en sus vacaciones recorrió un poco Estados Unidos y voló para Europa en sus últimas semanas de descanso antes de volver al estudio. En vano fue presentar sus credenciales de estudiante. No les importó, y eso lo pudo confirmar mi hermano Marcio que, al pedir permiso para ir a buscar su equipaje a la oficina de objetos perdidos, vio y escuchó cómo dos oficiales agarraron el pasaporte de Pancho y riéndose comentaron: “Mirá este mexicano que viene de Estados Unidos… seguro viene a buscar trabajo ¡No entra!” Qué injusticia ¿no? ¡Que ilógicos que son! Por suerte convencí a Pancho para que llame a la embajada mexicana y, junto con otro colega de la misma nacionalidad, lograron entrar. Fueron las dos únicas personas que, en mis cuatro días, vi que lo consiguieran.

 

Por último paso a contarles cómo siguió mi historia. Luego de estar 4 días y aguantar toda esa angustia, salió mi vuelo por Air China, para Brasil. Muy feliz de superar ese mal trago, mi nuevo amigo Marcio me invito a pasar unos días con él, en su país. Planificamos todo en las 10 horas de vuelo, pero, al aterrizar en Brasil, nos separaron y, sin darme explicaciones, me hicieron esquivar migraciones dejándome en suelo internacional sin permitirme la entrada al país y esperando a un supuesto representante de la empresa aérea. Luego de hablar con la gente de seguridad del aeropuerto, los cuales no entendían por qué siendo argentino, según el tratado del MERCOSUR (el cual me deja andar libre por ese país) estaba en ese lugar sin mi pasaporte. Me ayudaron a buscar respuestas llamando a la policía local y a las autoridades de Air China. Les agradezco a esas personas tan buenas que cuando me obligaban a pagar un vuelo a Argentina me recomendaron que no lo aceptara debido a que me lo estaban vendiendo muy caro ya que, según Air China, no había otros vuelos. Me decían que tomara ese vuelo que salía al otro día a las 20 horas o me iba a quedar ahí varado por días. Aterrado por vivir de nuevo esa experiencia intenté llamar al consulado argentino, donde nadie atendió porque era el Día de la Virgen. Sin otra cosa que poder hacer, llamé a mis familiares para darles la mala noticia.

Luego de horas de esperar, llegó la representante de la empresa aérea para decirme lo que ya sabía: no podía pisar el suelo brasilero y tenía que pagarme mi vuelo si quería salir de ahí. Subió con un vendedor de la empresa Tam y me presionaron para que usara mi tarjeta de débito y pagara mi pasaje así me iba de ahí, bajo la mirada de todos los de seguridad que me decían con sus ojos y gestos que no aceptara. Esta señorita me humilló diciéndome que era un desagradecido ya que el vendedor me estaba haciendo un favor, que le hacía perder el tiempo ya que no se podía vender un pasaje en suelo internacional. De buena manera pedí disculpas al vendedor y éste se fue. Luego de discutir logré que me llevasen a hablar con la policía brasilera, cosa que creo que tendrían que haber hecho ni bien bajé del avión y no que interfiera la empresa sin saber exactamente mi situación, lo que me da a pensar que no explicaron bien qué estaba inadmitido y no deportado por algo grave, lo cual seguro llevó a la policía a tomar la decisión de no dejarme ingresar al país. No logré nada hablando con otras personas tan cerradas. Ni irme en micro ni nada. Me decían lo mismo: que me iba a quedar ahí hasta que compre un vuelo, que si no tenia dinero llame a mi familia para que me compren el billete de vuelo a Argentina.

Terminada la corta charla, me llevaron a otra sala de inadmitidos, pero esta era muy pequeña y la gente dormía en el piso. Es horrible sentirse inmigrante hasta en América! Estuve con sudafricanos, coreanos, chinos y toda gente de otros continentes. Era el único latino inadmitido en Latinoamérica! Horrible situación hasta para las chicas de seguridad que lagrimeaban cuando les contaba todo lo que había vivido.

Llegó la noche y hablé con mi tío de Barcelona, quien  me consiguió un pasaje por Aerolíneas Argentinas para la mañana del próximo día. ¿No era que no había otro vuelo? ¿Existe la mafia de los aeropuertos? Casi puedo confirmarles que sí. Esa noche que pasé en el aeropuerto de Sao Paolo conocí a 5 chicos sirios que estaban varados ahí desde hacía 5 días, durmiendo en el piso y sin poder volver a sus casas debido a que el billete que les ofrecían costaba algo así como dos mil dólares y, como en su país el dólar es mucho más caro que en otros países, todas sus familias y amigos estaban juntando dinero para poder pagarles el vuelo de regreso a su hogar. Triste pero real.

Pasé la noche durmiendo en el piso, hasta las 9:30 horas, cuando me pasó a buscar una chica de seguridad y me acompañó hasta mi avión.

Pisé suelo argentino y lo besé. Volví a mi casa desmoralizado, triste, sin creer ni confiar en la sociedad, ni en nadie, sin mi equipaje porque me lo perdieron. Sí, perdí todo. Cosas de valor sentimental y personales. Me pagaron dos mil pesos por mi equipaje y por la vida que tenía antes de querer ir a conocer el primer mundo. Volví muy derrotado, estuve dos semanas sin poder dejar mi habitación, sin querer ver a nadie. Me sentía humillado… me sentía una mierda…

 

Ojala algún día entiendan que todos somos seres humanos, que somos iguales y tenemos derecho a disfrutar de este planeta y vivir en armonía.

CAMBIO DE CONCIENCIA GLOBAL.

 

Guido Alincastro De Simone

guidoajenjo@hotmail.com

 

VIDEOCLIP DEL TEMA “LINDA” DE “EL AJENJO”, DONDE GUIDO CANTA Y NO IMAGINA TODAVÍA LA HOSTILIDAD QUE SE VIVE EN LOS AEROPUERTOS INTERNACIONALES


 

 

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4 pensamientos en “PASAJERO EN TRANCE

  1. […] Actualizados : PASAJERO EN TRANCE UNA MÁS O MENOS FILOSOFÍA ACTUAL PAPELES (NAVIDEÑOS) DE L.V. EMPEZÓ EL VERANO […]

  2. Anónimo dice:

    terrible experincia…y uno que piensa que un simple viaje es facil…la verdad sin palabras…

  3. cuevana dice:

    un amigo de se fue de luna de miel a españa y poco mas lo pusieron en pelotas delante de todo el mundo y cuando ellos vienen aca los recibimos como reyes damos asco seguimos siendo colonia tercer mundista y vamos a ser asi siempre

  4. Mark dice:

    Todo muy mal no justifico el trato. pero macho entre tu y yo, 50 dolares?? no te daba ni para dos días. y no es lo mismo una debito que una de credito. te vuelvo a repetir todo horrible pero en cualquier sitio te informan de los requisitos yo entre diez mil veces y no soy ni comunitario ni tengo familia. no se ni todo es tan malo ni todo es tan bueno.

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