SOBRE OBJETOS DE CONSUMO

Por L.V.

Hoy mientras estaba sentado en una oficina burocrática del Estado, haciendo tiempo para el comienzo de un acto público, pensé en diferentes cosas. El lugar estaba iluminado y había algunas personas sentadas en pupitres esperando actos o sencillamente habiéndolos pasado. Afuera hacía frío y estaba gris. El contraste entre los dos tipos de iluminación (la blanca del interior de esa oficina estatal y la gris natural del ambiente externo) produjo en mí cierta depresión suave. Y entonces pensé cosas. Pensé en los objetos de consumo, sentí en mi cuerpo el efecto de miles de objetos consumidos a lo largo de los años. Pensé en los comestibles, bebibles, los que se meten en el organismo para diversos fines. Después pensé en los que no habían dejado ninguna marca pero que habían pasado al fin de cuentas: vestimenta, desodorantes, perfumes, lo que fuere, algún tipo de automóvil. Y entonces me acordé de un comienzo de texto, inédito, que una vez me pasó Kosac mientras chateábamos y que tengo en algún lugar de mi disco rígido. Es el comienzo de una novela (novela nueva) que tiene un párrafo inicial y deriva rápidamente en un largo diálogo virtual que va subiendo de tono, literatura erótica pero con algo más de fuerza que lo que encierra esa palabra comúnmente. Es decir: algo que va más allá del erotismo, o no (en realidad de ésto no estoy seguro, no sé mucho de erotismo, me acordaba solamente del primer párrafo ese inicial, que en principio no presenta nada erótico). Me acordaba de ese párrafo, básicamente, por una oración concreta, que a fuerza de efectividad literaria, Kosac hizo en su momento que se me quedara grabada, y que tiene que ver con todo ese pensamiento gratuito de los objetos de consumo: “en esos años comió bastante y compró objetos”. Eso dice la frase, y su recuerdo preciso hizo que volviera a mi rígido, después de verdaderamente mucho tiempo y releyera todo el comienzo de ese párrafo: “Así empieza la novela:” (esto lo dice el propio párrafo, “así empieza la novela” dice el párrafo y sigue “en un cotorro terso como sábanas de algodón hay una pila de libros, pero no en los estantes de la biblioteca sino en el piso. El pibe está hace cuatro horas ahí y no hace nada visible. Nomás tirado en un rincón mirando la pila o cerca. Ya hizo cosas visibles antes: gente hubo alrededor que se movía y él también se movía, en esos años comió bastante y compró objetos.”

Separé los objetos en dos grandes grupos: los que dejan marcas en el cuerpo y los que no. Pensé en cadenitas de plata colgando, relojes que fueron cambiando, incluso en la presencia o no de reloj en la muñeca como signo visible. Ahí había algo, en la visibilidad del signo. El clonazepam es un objeto visible, y deja marcas en el cuerpo, además de en un encefalograma. La ropa es visible pero el guardarropa es cambiante. La comida también modifica el cuerpo. Distintos tipos de dieta hacen de nosotros diferentes personas. La vajilla es un objeto, los platos y los vasos, los más grandes y los más chicos. Todo lo que uno pudo haber ido acumulando, los vasos largos para tragos sacados de boliches. Lámparas y focos, distintos tipos de luces. Las mesas y las sillas, todo lo que fuera mobiliario. Los televisores. Los estantes llenos de libros. Y entonces el texto de Kosac como un objeto de consumo, recuperado para ser consumido nuevamente. No un libro, sino el texto ese que se divide en un párrafo compacto y en un diálogo más vertical, con presencia de mayúsculas fuertes que dicen cosas obscenas. Y así fui llegando más lejos. Manchas rosas en la piel por una alergia nerviosa. Las ojeras violetas por un mal sueño. La garganta roja. El estómago cerrado. Los dedos y los dientes amarillos por la nicotina. Los ojos hinchados por una conjunción de cosas. Ya no los objetos de consumo que dejan marcas en el cuerpo, sino ahora el cuerpo como el mayor objeto de consumo.

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3 pensamientos en “SOBRE OBJETOS DE CONSUMO

  1. Anónimo dice:

    No sé con qué credenciales hago un comentario sobre este texto, pero como me sirven las devoluciones sobre lo que escribo supongo que vos también esperás alguna respuesta. La primer parte del texto promete algo que se deshace demasiado rápido. Me parece que el ámbito depresivo del acto público es algo en lo que podrías detenerte más: mujeres abatidas con pelos resecos por tinturas económicas; gente que labura demasiadas horas semanales para tener un mango y que abandona su propio cuerpo como un animal que ya no se puede tener en la casa; viejas anestesiadas con miradas aparentemente sin deseos circulando por ahí. Todos nosotros semi-monstruos. Y la pus y la mierda que brota cuando se disputan los cargos. Eso que podría ser desaparece y viene un texto más bien teórico sobre los objetos de consumo, sobre las marcas que dejan esos objetos en el cuerpo y sobre el cuerpo como objeto de consumo -y en el medio Kosac, que vale por sí mismo-. La parte teórica está escrita en un buen tono y es interesante, aunque deriva de tal forma sobre sus propias cuestiones que le resta valor a lo anterior y hace innecesaria la descripción del acto público. Entre esas dos partes (la del acto publico y la teórica), la segunda, en ciertas circunstancias, podría llegar a ser un discurso agitado por “el boludo de los agujeros”. Es decir que las cuestiones que ponen en juego ahí pertenecen -creo- a un ámbito más o menos común de lo académico. Quizá deberías (no tengo credenciales) presentar esas cuestiones de un modo más propio o no, no sé. La ultima frase es una forma muy elegante de cerrar el texto, pero me parece que deja librado al lector un campo de posibilidades de interpretación demasiado amplio. Aprovechando la vecindad de Baudrillar ahí abajo, pienso que el valor de la frase radica especialmente en la estética de su enunciación, como en muchas de las cool memories; aunque porai esa era la idea.

  2. Anónimo dice:

    No pensé que fueras a publicar el comentario, era demasiado extenso y aburrido. Lo tendría que haber mandado por mail porque no se trataba de algo público.

  3. Liyo dice:

    “Como cuando se trata de depilar una pierna o de
    pintar las pestañas, de cortar o de replantar los cabellos, esta actividad
    extractora o aditiva remite a un código. Mantiene los cuerpos dentro de
    una norma. A este respecto, las vestimentas mismas pueden pasar como
    los instrumentos gracias a los cuales una ley social se apropia de los cuerpos
    y de sus miembros, los ordena y los ejerce mediante modificaciones
    de moda, como si se tratara de maniobras militares. El automóvil, como
    una faja, también los moldea y los ajusta a un modelo de postura. Es un
    instrumento ortopédico y ortopráctico. Los alimentos seleccionados por
    las tradiciones y vendidos en los mercados de una sociedad modelan igualmente
    los cuerpos al alimentarlos; les imponen una forma, un vigor que
    tienen valor de cédula de identidad. Los anteojos, el cigarrillo, los zapatos,
    etcétera, rehacen a su manera el “retrato” físico… ¿Dónde se halla el
    límite de la maquinaria mediante la cual una sociedad se representa a
    través de los seres vivos y hace de ellos sus representaciones? ¿Dónde se
    detiene el aparato disciplinario que desplaza y corrige, añade a estos
    cuerpos o extirpa de ellos, cuerpos maleables bajo la instrumentación de
    tantas leyes? A decir verdad, sólo se convierten en cuerpos al ajustarse a
    estos códigos.”

    De Certeau dijo más o menos lo mismo con mejores palabras. mucho antes. acabo de leerlo

    (LV)

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