GRAÑA Y SU CALAÑA

A raíz de algunas imagenes que vi recientemente en televisión me acordé de eso de que los periodistas son peor que la policía; aunque en este caso no tengo que hablar de periodismo en general, sino de cierto periodismo que sigue una misma línea y que tiene, o tuvo excluyentemente en un tiempo, a Rolando Graña como cabeza de grupo. La calaña a la que alude el título (pensando en los momentos específicos que pasé frente al televisor) son dos criaturas que supieron estar sentadas al lado del propio Graña: Martín Siciolli por un lado y Facundo Pastor por el otro. Los dos, en los últimos quince días, tuvieron apariciones rutilantes en la televisión abierta.

Facundo Pastor nos mostró cómo opera y sobre todo cuáles son las armas de seducción de un pedófilo. Un productor del programa, haciéndose pasar por un chico de 14 años, agregó a sus contactos del Messenger a un artista plástico de más de 40 con antecedentes penales por abuso sexual infantil, y de a poco empezó a entablar una relación que, según Pastor, fue subiendo de tono considerablemente. Después de varios días de chat (analizados de manera crítica incluso en el noticiero de las doce por el propio Facundo Pastor) el productor concertó la cita, Pastor sacó las cámaras a la calle, y empezó esa constante estética que caracteriza a estos tres exponentes del periodismo de autor: esa donde se captura al acusado en fragancia, y se lo persigue tratando de alargar la situación lo más posible mientras se le grita “estás cometiendo un delito y yo estoy haciendo mi trabajo”. Las personas que pasaban por la calle a su vez, rápidas de reflejos, le gritaban “pedófilo” al acusado y se le plantaron adelante de los taxis para que no se escapara. Pastor corresponde a una clase de periodismo policíaco que se erige como defensor de un chico de 14 años porque cree que a esa edad uno no puede hacerse responsable de sus decisiones sexuales, y al mismo tiempo sostiene que, por la maldita inseguridad, habría que bajar a 14 la edad de imputabilidad de una persona basándose en la capacidad del chico para discernir lo que está bien de lo que está mal.

Martín Ciccioli, por su parte, compró un par de patentes por izquierda, puso originales y truchas en dos Chrysler negros 0 KM, y pasó por un operativo de tránsito con los dos autos gemelos uno atrás del otro para ver qué pasaba. Lo que pasó fue que los conductores de los dos autos (Pablo Granados con peluca, y Pamela David con escote) terminaron presos. Durante el arresto Ciccioli pretendió todo el tiempo que los dejaran en libertad por el solo hecho de ser famosos y estar llevando cámaras encima. Acá la pregunta es bastante concreta: ¿se puede ser TAN pelotudo?

Para hacer homenaje a estos adelantados del periodismo argentino recordemos un momento memorable en la televisión vernácula, justamente de la mano del mayor mentor ideológico de estos Toms Wolfes: el video donde Graña se anima a la ayahuasca y las repercusiones mediáticas que trajo aparejado en aquel momento:

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Un pensamiento en “GRAÑA Y SU CALAÑA

  1. Patricio dice:

    jajajaj
    aquí (en México) tambien hay periodistas asi
    que flaco estaba Calamaro!!
    saludos

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