Adictos a la imágen, a los fierros, y al oro

Salir a la calle con una cámara encima es casi como salir calzado. Esta relación, la de la cámara con un arma de fuego, no es nueva y hay un mundo de libros y películas que se centran en ella. Y como las armas, las cámaras suelen ser también objeto de fetiche para mucha gente. En 1981 (cuando los graffiti todavía adornaban las paredes de los subtes, y el precio de la merca en Estados Unidos era de veinte dólares el gramo), Pentax sacó al mercado y vendió diez millones de la LX SLR. Y para celebrar este hecho crearon una edicón limitada “LX Gold”: una cámara de 18 quilates con adornos de cuero marrón en piel de lagarto. Esta cámara edición limitada venía en una caja de madera con forro rojo y guantes de seda para manipularla. Fueron lanzadas sólo 300 unidades, de las cuales 200 fueron al mercado japonés, y 100 al mercado internacional. Está todo a la vista: un fierro áureo que en los ochenta hizo de la imagen (la fotográfica y la de la propia cámara) una posibilidad más para quedarse pegado.

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