EL CINE DE LOS COHN Y LOS DUPRAT

Posted on julio 21, 2011

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Por L.V.

Estuve viendo el cine de los Cohn y los Duprat. Tengo, antes que nada, que avisar que mi oído derecho me zumba desde hace dos días y en el izquierdo hay un reloj nuevo que me está volviendo loco. Primero vi, capaz en el peor día para mí de lo que va del 2011, El hombre de al lado. Me pareció, si tuviera que clasificarla siguiendo los parámetros dudosos de la crítica del cine, excelente. Una historia que empieza, como dijo un compañero de trabajo, como si fuera de La pantera rosa. Un tipo que hace un agujero, se le aparece a su vecino y se le mete (arquitectónicamente) en su pecera de diseño de primera clase. Daniel Araoz, en términos actorales, una bestia. El tipo sofisticado, bien hecho y los planos lúdicos que me hicieron resignificar (miento) algunas cosas de Much Music, Televisión Abierta, Ciudad Abierta y El Amante en Canal (á). Miento: todo eso que dije segundo me ayudó a significar lo primero, la incursión que agarré empezada de los Cohn/Duprat en el séptimo arte. Algo de El hombre me produjo la sensación de que es fácil hacer audiovisual (cine o lo que fuera, porque todos los proyectos terminan siendo parte de una misma idea /me olvidaba de Yo Presidente/) y al mismo tiempo que es imposible sentarse a escribir un guión que cierre como les estaba cerrando, a mi parecer, a estos tipos. Después, dos días después, vi El artista, en el mac. Me pareció buena, ni más ni menos.  Venía con un techo alto y supuse que era el piso, flotante y de madera revestida, que se merecía ese techo. Dos días después de esos dos días, vi Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo, otra vez en el mac. Llegué primero con mi oído zumbando y me senté en la segunda fila en la oscuridad de arriba porque la primera estaba reservada para las “autoridades” que nunca fueron y que una señora algo polémica supo capitalizar (porque terminó sentada en una de esas sillas) después de explicarle no sé qué cosa sobre la idiosincrasia bahiense al loco que estuvo siempre en el museo, desalineado, y que ahora está afeitado y esbozando un discurso de obediencia debida (de la organización de la proyección de la película), loco que terminó sentado al lado de la vieja loca en donde supuestamente iban a ir las autoridades. De nuevo, me pareció excelente. Es una película atravesada, sin dudas, por la literatura (es la adaptación de un cuento inédito de Laiseca) y eso se nota. La voz en off de Laiseca (las interrupciones constantes al lenguaje cinematográfico con la biblioteca atrás) hacen que, para mí, la película cierre incluso más que las anteriores (donde me había parecido cierta constante de final manijero). Está muy bien Laiseca, muy bien Emilio Disi, muy bien el gallego que hace de una especie de demonio perverso atraído por la mediocridad de las personas. Cuando terminó la película, Duprat (que estaba ahí en la sala) agarró el micrófono y casi que terminó pidiendo disculpas por lo que habíamos visto, como no haciéndose cargo del todo. Lo que pasa, me parece que dijo, es que es una adaptación de la mirada del mundo de Laiseca y entonces quedó esto, algo con humor pero bastante pesimista (“yo me di cuenta de lo que habíamos hecho igual que ustedes, soy un espectador más”), y no la pudimos traer antes porque los dueños de las salas no querían pasarla. Hasta antes de eso, casi no me había dado cuenta de que la película podría ser complicada para una moral más allá de lo que mierda fuera del circuito comercial. Después, sí, me di cuenta de que Laiseca les tiró bastantes cosas al carajo (que desbordó esa lógica lúdica tan hermosa y simple de los planos simétricos). Dice Laiseca en la película (en realidad en su propio cuento), más o menos, que la vida es un campo de concentración y que cada año es un alambre electrocutado que se agrega y que los 30 años es Auschwitz. Después, mira a cámara y dice muy seriamente “no estoy jodiendo”, o algo por el estilo. En esa clave, hay un montón de situaciones terribles donde uno no puede más que decir: “tiene razón”. Excelente, además, si es que esto es posible, el casting del bebé que representa la primera infancia de Emilio Disi: un bebé que piensa cosas jodidísimas con la voz en off de Disi y que nunca cambia la cara de devastación.

Me estoy yendo por las ramas. Acá les dejo los trailes de las tres películas que nombro en este posteo:

EL ARTISTA

EL HOMBRE DE AL LADO

QUERIDA VOY A COMPRAR CIGARRILLOS Y VUELVO

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